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Foro Democrático

Ya viene la feria de Quito "Jesús del Gran Poder 2010"

Esta es una crítica a un manifiesto popular a favor de la corrida de toros.

A continuación copio el escrito que apoya a la feria taurina, después de lo cual expongo mi crítica a tal manifiesto demostrando que el mismo no tiene mayor sentido.

Manifiesto taurino:

A ti, tú que te llamas antitaurino y nunca has tenido el menor contacto con un toro. A ti, que dices que defiendes a un animal del que solo te acuerdas cuando toca ir de manifestación... A ti, que para atacar lo que consideras un espectáculo desagradable solo se te ocurre desnudarte y cubrirte de tomate...

A ti ...te lo digo, sí, a ti, desde el respeto que los que nos denominamos aficionados practicamos hacia vosotros... Siéntate un día con un torero, habla con él, escúchale... Solo así podrás saber que es amar a un animal, vivir por él.

Déjale que te cuente como cuando todavía era un niño dejó aparcados los juguetes y decidió empezar a jugarse la vida... Pregúntale porqué prefirió olvidar su juventud para sacrificarse por un sueño, uno que sabía de antemano sería prácticamente imposible de alcanzar. Intenta comprender lo que significa olvidarte de todo... hasta de ti mismo, pensando, viviendo y soñando con ese animal que tú tanto defiendes... Imagínate alejado de tu familia, de tus amigos, de tu tierra y de tu gente. Y una tarde de invierno, abrígate y vete al campo con él, mira como nace ese animal al que tanta devoción le profesas y observa como te embiste cuando todavía no tiene fuerzas para ponerse en pie... la próxima vez, no podrás decir que no nació para luchar, que no tiene instinto...

Pasa tardes, meses y años pensando en él al levantarte y soñando con él cuando llegue el final del día... Pierde mujeres, amigo y familia que nunca llegaron a entender que lo antepusieras sobre todo, que te quisieron con locura pero que no pudieron soportar tus ausencias, que lo intentaron por todos los medios, pero que nunca llegaron a entender esa obsesión que les dejaba siempre en un segundo plano y te convirtió en un ser siempre pensativo y solitario... Más tarde, dile al torero que te lleve unos días a su retiro invernal en el campo y pídele que te presente a un ganadero. Te acogerá sin pensarlo en su casa y te contará la verdad de la vida del toro, es el único que te puede explicar como viven, como luchan entre ellos, como se afanan por ser los mejores en ese albero que para ti es un matadero. Probablemente entre los dos te aburrirán de historias de tentaderos, de tardes de gloria y de noches de decepción porque las cosas no salieron como esperaban. Cuando llegue el amanecer ellos seguirán contándote anécdotas cuyo único protagonista será siempre el mismo. El toro.

Si después de todo esto todavía tienes fuerza, sal al campo ponte cara a cara con un toro, frente a él, a pecho descubierto, mírale a los ojos e intenta adivinar que es lo que piensa hacer... Imagínate solo por un momento el dolor de una cornada... Estate dispuesto, convencido y mentalizado de dejarte matar... Después vuelve a tu casa. En la próxima manifestación, desnúdate, échate tomate por encima, ponte unas falsas banderillas, alza la voz y mantén que defiendes al toro bravo, que lo amas... Mientras estés desgañitándote en esa manifestación habrá un torero llorando porque no supo entender un toro, habrá un ganadero defendiendo una camada que si no fuera lidiada en la plaza hubiera muerto hace tiempo, habrá un mayoral dándole de comer a cien animales a los que conoce por su nombre y, con los ojos cerrados, habrá un chaval haciendo autostop para ir a un tentadero, habrá una persona jugándose la vida en la plaza, habrá mil, dos mil, cinco mil personas disfrutando de un Arte maravilloso, de una sensibilidad extrema, de unas muñecas prodigiosas, de un baile que solo pueden bailar los valientes... Pero sois vosotros los que defendéis al toro bravo... No juguéis con su futuro porque estáis jugando con el futuro de mucha gente que vive solo para que ese animal respire.


CRÍTICA

Primero me pregunto si esto es lo mejor que pueden decir para apoyar este sádico y grotesco espectáculo... Y al mismo tiempo, al ver que esto es lo mejor que se les ocurre decir, me hace cada vez reafirmarme aun más en rechazar este evento bochornoso que algún día dejará de existir, y felizmente cada día menos personas lo aprueban...

Este manifiesto es insensato, acaso que ser antitaurino es bañarse en sangre o pintura roja para expresar su desaprabación, sino que es reclamar por lo que creemos es justo, por parar un acto grotesco y repulsivo, deshumanizador, violento y vergonzoso... Un acto que va en contra de la naturaleza humano, puesto que el humano es un ser compasivo en esencia...

El manifiesto alaba al torero que toda su vida la ha entregado a tal (perverso e indigno) oficio...

Entonces, el argumento es que... ¿porq los toreros han desperdiciado toda su vida torturando y matando toros hay que aplaudirlos y aprobar este denigrante evento?? Es que acaso porque el torero arriesga su vida e integridad física sin el menor sentido para brindar un placer sádico a su audiencia uno tiene que sentir pena por el torero??? De ninguna manera...

También dice casi al final que existe muchas personas que ganan su dinero y su comida mediante todo el movimiento económico que implica una feria taurina... Pero, que tiene que ver?? Cuanto dinero mueve la droga y cuántos se beneifican con el negocio narco y no por eso es digno de aprobación... Y en cualquier caso, muchos eventos mucho más positivos pudieran ser realizados en lugar de la tortura y msacre taurina para que esta misma gente pueda ganarse su merecida comida, y lo haría relativo a eventos sanos, positivos y pacíficos...

Finalmente, las corridas de toros han sido parte de nuestra cultura alrededor de 50 años... Y por eso mismo, es hora de terminar con la misma lo antes posible... Las sociedades progresan, evolucionan, son dinámicas, ahora ya no podemos aceptar que hechos tan deplorables como la humillación de la tortura y masacre de inocentes y sensibles animales, y que eso sea objeto del goce y placer enfermizo de otras personas... Es esto lo que queremos brindar a las futuras generaciones? Espectáculos bárbaros, insensibles, violentos y sádicos, donde la gente disfruta viendo la tortura a un animal agónico, viendo como en sus momentos de agonía el torero acaba con su vida despiadadamente, y creyéndose que eso es digno de aplauso...

Si creemos que podemos cosntruir un mundo mejor, si elegimos disfrutar en la base a la vida y todo lo bueno que hay en ella en lugar de con el dolor y la muerte, no podemos seguir aceptando que estos eventos aun tengan lugar en nuestras sociedades...

Aquí tan solo les dejo una imagen graciosa, irónica y muy real para que la analicen...

http://www.facebook.com/photo.php?pid=1377855&l=5307aeb876&...


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Comentario por Marco Vinicio Velasco el noviembre 22, 2010 a las 10:12pm
Pongo a consideración un artículo de Mario Vargas Llosa sobre los toros.

Por Mario Vargas Llosa

Los enemigos de la Tauromaquia se equivocan creyendo que la fiesta de los toros es un puro ejercicio de maldad en el que unas masas irracionales vuelcan un odio atávico contra la bestia. En verdad, detrás de la Fiesta, hay un culto amoroso y dedicado en el que el toro es el rey, el ganado de lidia existe porque existen las corridas y no al revés, si la fiesta desaparece, inevitablemente desaparecerán con ella todas las ganaderías de toros bravos, y estos en vez de llevar en adelante la bonancible vida vegetativa, deglutiendo yerbas en las dehesas y apartando a las moscas con el rabo que les desean los abolicionistas, pasarán a la simple inexistencia; y me atrevo a suponer que si se les dejara de elección entre ser un toro de lidia o no ser, es muy posible que los espléndidos cuadrúpedos, emblema de la energía vital desde la civilización cretense, elegirían ser lo que son ahora en vez de ser nada.

Si los abolicionistas visitaran una finca de ganado de lidia, se quedarían impresionados al ver los infinitos cuidados, el esmero, y el desmedido esfuerzo, para no hablar del coste material que significa criar a un toro bravo desde que está en el vientre de su madre hasta que sale a la plaza y de la libertad y privilegios que goza. Por eso, aunque a algunos les parezca paradójico, solo en los países taurinos, como España, Francia, México, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Portugal, se ama los toros con pasión, por eso existen estas ganaderías que con matices que tienen que ver con la tradición y las costumbres locales, constituyen toda un cultura que ha creado y cultiva con inmensa dedicación y acendrado amor una variedad de animales sin cuya existencia, una muy significativa parte de la obra de un García Lorca, un Hemingway, un Goya, un Picasso, para citar solo a cuatro de la larguísima estirpe de artistas de todos los géneros para los que la fiesta ha sido fuente de inspiración de creaciones maestras, quedaría bastante empobrecida.

¿Es más grave en términos morales la violencia que puede derivar de razones estéticas y artísticas que la que dimana del placer ventral?, me lo pregunto después de leer un impresionante artículo de Albert Boadella (ABC 18-4-04) acusando de fariseos a quienes horrorizados por las crueldades taurinas piden que se cierren las plazas, y que no tienen empacho sin embargo en atragantarse de sabrosas butifarras catalanas. ¿Que requiere la elaboración de la cualidad de esta exquisita delicatessen mediterránea?, que dos millones de cerdos vivan toda su vida en apenas dos metros cuadrados, mientras intentan encumbrar constantemente su patas sobre unas rejas por las que fluyen sus excrementos, su único movimiento posible, se reduce a inclinar ligeramente la cabeza para comer pienso, ya que el transporte al matadero se efectúa en idénticas condiciones.

No solo los cerdos son brutalmente torturados para satisfacer el caprichoso paladar de los humanos, prácticamente no hay animal comestible que a fin de aumentar el apetito y el goce del comensal, no sea sometido sin que a nadie parezca importarle mucho, a una barroca diversidad de suplicios y atrocidades, desde el hígado artificialmente hinchado de las aves para producir el sedoso paté, hasta las langostas y los camarones que son echados vivos al agua hirviendo porque al parecer, el espasmo agónico final que experimentan achicharrándose condimenta su carne con un plus especial, y los cangrejos a los que se amputa una pata al nacer para que la otra se deforme y agigante y ofrezca más alimento al refinado degustador.


Qué decir de la caza y de la pesca, deportes tan extendidos como prestigiosos en los cinco continentes; es verdad que en los países anglosajones, hay periódicas campañas contra la caza del zorro, animal que es despanzurrado por millares en cada estación apenas se levanta la veda por el puro placer del cazador de matar a balazos un animal cuya carne no se va a comer y con cuya piel no se va a abrigar, pero también se cierto que si su reproducción no fuera de algún modo contenida dentro de ciertos límites, terminaría provocando verdaderas catástrofes ecológicas. Y en cuanto a la pesca, actividad que hasta ahora que yo sepa, con la sola excepción de la caza de ballenas, no ha movilizado en su contra a los militantes del frente de defensa animal ni a los pacifistas a ultranza. Recomiendo a los amantes de literatura sádica y sobre todo a los practicantes del sadismo, leer un artículo donde Luis María Ansón ("La pesca recreativa y las corridas de toros", "La Razón" 28-11-2004 ) describe los pormenores de la pesca del lucio en un río que caracolea entre las montañas suizas. Aunque es diferente, no corre la sangre, la operación es de un refinamiento en el ejercicio de la crueldad que pone los pelos de punta, sobre todo al final de la larga agonía cuando el pez, con el paladar ya destrozado por el anzuelo de triple punta, va muriendo asfixiado con los ojos saltados y atónitos entre coletazos que se apagan en cámara lenta.

Mal de muchos consuelo de tontos, no estoy tratando de demostrar nada con estos ejemplos que se podrían alargar hasta el infinito, sino diciendo que si se trata de poner un punto final a la violencia que los seres humanos infringen al mundo animal para alimentarse, vestirse, divertirse y gozar, ideal perfectamente legítimo, sin duda sano y generoso, ofrece tremebundas consecuencias, habrá que hacerlo de manera definitiva e integral, sin excepciones y a la vez sacrificando al mismo tiempo los toros y los zoológicos y por supuesto los placeres gastronómicos especialmente los carnívoros y las pieles, y todas las prendas de vestir y utensilios, objetos de cuero, piel y pelambreras y hasta las campañas de erradicación de ciertas especies, de insectos y alimañas. ¿Qué culpa puede tener el anopheles hembra de transmitir el paludismo, la rata la peste bubónica y el murciélago la rabia?, ¿se extermina acaso a los humanos portadores del sida, la sífilis o del contagioso catarro?, mejor que el mundo alcance esa utópica perfección en la que hombres y animales gozaran de los mismos derechos y privilegios, aunque claro está no de los mismos deberes, porque nadie hará entender a un tigre hambriento o a una serpiente malhumorada que se ha prohibido por la moral y por las leyes madrugarse a un bípedo o fulminarlo de un picotazo. Mientras no se materialice está utopía, seguiré defendiendo las corridas de toros por lo bellas y emocionantes que pueden ser, sin por supuesto, tratar de arrastrar a ellas a nadie que las rechace porque se aburre, o porque la violencia y la sangre que en ellas corre le repugna.

A mi me repugnan también pues soy una persona más bien pacífica, y creo que le ocurre a la inmensa mayoría de los aficionados, lo que nos conmueve y embeleza en una buena corrida, es justamente que la fascinante combinación de gracia y sabiduría, arrojo e inspiración de un torero y la bravura, nobleza y elegancia de un toro bravo, consiguen en una buena faena, en esa misteriosa complicidad que los encadena, eclipsar todo el dolor y el riesgo invertidos en ella, creando unas imágenes que participan al mismo tiempo de la integridad de la música y del movimiento de la danza, la plasticidad pictórica del arte y la profundidad efímera de un espectáculo teatral. Algo que tiene de rito e improvisación, y que se carga en un momento dado de religiosidad, de mito y de un simbolismo que representa la condición humana, ese misterio de que está hecha esta vida nuestra, que existe solo gracias a su contrapartida que es la muerte.

Las corridas de toros nos recuerdan dentro del hechizo en que nos sumen las buenas tardes, lo precaria que es la existencia y como gracias a esta frágil y perecedera naturaleza que es la suya, puede ser incomparablemente maravillosa.
Comentario por Emilián Antonio Cando Shevchukov el noviembre 25, 2010 a las 2:17pm
Mu lírica la defensa que hace don Mario Vargas Llosa sobre las corridas de toros. Mas allá de cualquier suposición, yendo fuera del sufrimiento animal y de todo lo demás, habría que analizar objetivamente a la cuestión de las corridas de toros.

Debo acotar que yo no tengo ninguna formación taurina, mi educación no ha provenido de cultura española alguna y a pesar de encontrarme viviendo en este medio, hay muchas cosas que no acepto, aunque sean generalmente y socialmente aceptadas, como por ejemplo la justicia indígena.

El sufrimiento animal es una parte de la corrida taurina, de hecho es la parte sentimental que ha logrado traer a muchos adeptos a las filas de los anti corridas de toros, pero el asunto es mucho mas profundo. Si bien muchos animales sufren cuando se les inicia en su eslabón de la cadena alimenticia (y muchos sufren de otras formas también), no creo que haya gente que se concentre a ver el sacrificio de una vaca o el de un pollo, o la muerte violenta de un cerdo o de otro animal, tampoco creo que el cocinero salte de alegría cada vez que una langosta en medio de su tranquilidad se funde en el calor del agua hirviendo.

El asunto es mucho mas difícil de explicar, pues si se apoya a las corridas de toros, hace suponer que estarían totalmente de acuerdo con las peleas de gallos, de perros ¿y por que no? -según el fundamento de don Mario Vargas Llosa- con las peleas crudas de luchadores que hoy en día se han vuelto muy populares en la televisión.

Si nos ponemos a revisar los antecedentes del animal, se podría justificar muchas cosas mas, es decir que si el hecho de que un animal sea torturado en medio de un plaza cerrada, ante las miradas de cientos de personas, también podríamos justificar el hecho de azotar y quemar a un ladrón por hacerle daño a la gente y sus propiedades. El asunto no radica totalmente en el sufrimiento del animal sino la algarabía que provoca en los aficionados, es lo mismo que sucede en las peleas de gallos -aumentado por el riesgo de la apuesta-, es una fiesta cultural, pero el hecho de que sea una fiesta cultural no quiere decir que de por sí sea buena, porque si esos casos se dieran en otros países, seguramente los organizadores estarían ya en la cárcel o haciendo algún trabajo comunitario, pues lastimosamente en nuestros países todavía tenemos rezagos respecto del trato de los animales, eso se refleja incluso en la legislación en que los animales de propiedad de alguna persona son considerados como bienes muebles, a decir de don Mario Vargas Llosa, bienes muebles que sirven para alimentarse, vestirse, divertirse y gozar. Aquí en Ecuador y en los países de influencias latinas -que no son muy avanzados socialmente que digamos- cualquiera puede torturar o matar animales y no hay pena alguna para él, de hecho si alguien desea estampar varias veces a un gato contra una pared puede hacerlo.

Hay que mencionar que lo reprobable no es el sufrimiento animal, ya que estos sufren de hecho incluso cuando hay una catástrofe natural sino lo reprobable es la actitud de las personas frente al sufrimiento animal. Creo que hay que tomar un poco de conciencia respecto de esto, no estoy a favor de las corridas de toros, quizás porque en ningún momento recibí la educación de ese tipo, por lo que creo que deberíamos cambiar de mentalidad respecto de estas situaciones: no podemos defender un acto de tal naturaleza en pos de la defensa de una cultura, al final de cuentas ¿a quien le hace tanta falta las fiestas taurinas?
Comentario por Jaime K. R. el noviembre 25, 2010 a las 9:00pm
Posiciones respetables ambas, de los pros y antis cuando se exponen con argumentos y apelando a la razón y no tratando de ridiculizar o satanizar al adversario, apelando a sus reacciones emocionales y a las de los espectadores. La defensa de la tauromaquia se sustenta en una visión antropocentrista que considera que los humanos al estar dotados de razón estamos por encima del resto de seres vivos y por tanto es lógico que utilicemos a seres no racionales para nuestro beneficio. La visión contraria parte de que somos una especie animal más, no podemos sentirnos el centro de la creación y por tanto los otros seres vivos son nuestros compañeros de viaje en este planeta y debemos usar nuestra razón superior para asegurarles a ellos también una existencia pacífica.

Queda el argumento que sin las corridas de toros no existiría el toro de lidia, que a este animal se le da cuidados y mimos que ya se quisiera una vaca o un chancho cualquiera y que a ningun otro animal se le da esa oportunidad de enfrentarse a vida o muerte con una persona que no tiene más armas que un estoque y su habilidad. Nada qu ver con la caza por ejemplo, donde el pobre venado, zorro o leon es fulminado antes siquiera de poder acercarse a su verdugo, muchas veces sin siquiera haber visto que venia.

Si animales y humanos tenemos derechos equivalentes, y si un toro asesinado en una plaza a la vista de 10mil espectadores es equivalente a un ladrón quemado vivo enfrente de una comunidad, entonces ¿todas las especies animales son equivalentes? Pisar una cucaracha o una araña (algo de lo que somos culpables todos) es igual de malo que estampar un gato doméstico sobre la pared? En esa línea la única posición aceptable sería la de los budistas que consideran hasta a los gusanos como intocables.

En fin, lo mío son más argumentos para el debate. Los antitaurinos están en pleno derecho de exponer su opinión y manifestarse publicamente, y también de tratar de conseguri por vías legales la prohibición de las corridas, como los protaurinos estan en el mismo derecho de defender su posición y tratar de evitar la prohibición. Lo que no es aceptable es que un bando imponga su posición mediante la intimidación y el intento de humillar o satanizar a los asistentes a las corridas.

Tegui: El articulo que transcribes seguramente en español y por eso la referencia a los baños de pintura o en sangre, ya que es común en Europa que los defensores de animales utilicen esas formas de protesta, un poco grotescas, sobre todo cuando los baños son también al publico que consideran se opone a sus ideas. Y no sólo fuera de las plazas de toro, sino de los camales e incluso de los restoranes de hamburguesas y almacenes de pieles. Por último las corridas de toros no son una tradición de 50 años en Ecuador sino de casi 500, no olvidemso que la Plaza Grande y la Plaza del Teatro fueron por muchisimos años plazas de toros, que no hay fiesta en ningún pueblo de la sierra sin toros de pueblo, mientras en la costa el equivalente es el Rodeo Montubio (que desde el punto de vista de los críticos de las corridas de toros podría consdierarse casi igual de brutal).
Comentario por Jaime K. R. el diciembre 14, 2010 a las 9:13pm

Y bueno asistí a una corrida de toros en estas fiestas (espero que Tegui y Cando me perdonen). En realidad la "fiesta" se ha "civilizado" mucho respecto a lo que era a finales de los '80s y principio de los '90s (cuando muchos foristas vivimos nuestra adolescencia y primera juventud), ya no hay los recordados espectaculos de las puertas 9 y 11: los "que beeba Quito..." y "dale toro carajo...", las bañadas en cerveza, los vaciles y las broncas inevitables (admitámoslo que fue muy divertido cuando uno era parte de todo eso).

 

Pero al grano, mientras analizaba el espectáculo y pensaba en si los antitaurinos tienen razón, me di cuenta de algo, me vino como una revelación mientras miraba las anticuadas vestimentas del "alguacilillo": éste es un espectáculo fascinante precisamente por su continuidad en el tiempo, su inmutabilidad, la nostalgia que nos trae de épocas anteriores, más apegadas a la tierra, menos urbanas, más naturales. Aquí no hay microchips ni pantallas, solo caballos, toros y arena. Capas, muletas y estoques no han sido diseñadas en laboratorio ni tienen tecnología espacial, son las mismas en su esencia a las que se utilziaban 50, 100, 200 años atrás. Es el mismo espectáculo de siempre, no hay international board que modifique las reglas. Es esa continuidad, ese respeto por la tradición, por los tiempos, por el animal, lo que hace fascinante a este espectáculo "lo-tech" en un mundo hi-tech, cada vez más frenetico, más acelerado.

 

Son argumentos emocionales, lo sé, quizás Emilio y Antonio y el resto de antitaurinos los desprecien, pero creo q merecen ser dichos.

Comentario por Jaime K. R. el diciembre 15, 2010 a las 8:44pm
Les copio ahora un artículo interesante sobre el tema que desnuda algunas segundas intenciones. En europa defensores de animales recurren a lo grotesco e impactante, aquí utilizan su protesta para disfrazar complejos y resentimientos sociales. A fin de cuentas, por qué no tenemos protestas tan activas contra las peleas de gallos, los camales clandestinos, el uso de pieles para vestir, las peleas ocultas de perros, etc.

Consulta popular y toros


Carlos Larreátegui
clarreategui@elcomercio.org

Confieso que aborrezco las corridas de toros y que he concurrido apenas una vez a un evento taurino. Pertenezco a la mayoría de ciudadanos de Quito que no gusta del espectáculo taurino y que, según las encuestas, alcanza el 60%. Sin embargo, respeto el derecho de las minorías para ejercer usos y costumbres y estimo que una consulta popular para decidir la prohibición taurina en Quito es un mecanismo aberrante y antidemocrático. Las mayorías no pueden decidir la vida de los demás a través de una aritmética electoral e imponer su visión y moral al resto.

No hay duda de que la rabiosa oposición a las corridas tiene un trasfondo político. Aunque los argumentos a favor de los animales son la punta de lanza del activismo antitaurino, las verdaderas razones son otras y pasan por la supresión de todo vestigio español en un absurdo e incomprensible intento de negar un componente esencial de nuestro mestizaje y cultura. Pasan también por el afán de castigar a los “pelucones” que disfrutan de la feria y poner en movimiento delirantes revanchismos y resentimientos sociales, tan de moda en los últimos tiempos. Si la verdadera intención de estos grupos fuera “defender” a los animales, como dicen, habrían causas más urgentes e importantes que los toros de lidia. No pretendo entrar en un debate para dilucidar hasta dónde puede el hombre utilizar a los animales para sus fines. No tengo una respuesta. Desde el comienzo de la historia estos seres han sido usados por el hombre como fuerza de trabajo y fuente de alimento y diversión. Los animales de laboratorio han permitido el avance de la ciencia y con ello la salvación de muchos seres humanos. ¿Quién fija los límites morales? Los antitaurinos repetirán sin cesar que la tortura de los animales solo se justifica para las necesidades vitales del ser humano como la alimentación y la ciencia. Pero ¿dónde caerían la alta gastronomía, el encierro en zoológicos y circos, o la cacería deportiva? Los límites resultan demasiado difusos.

Los activistas antitaurinos han desnudado sus intenciones políticas al expresar su cuestionamiento al 6 de diciembre como fecha simbólica para los festejos de la ciudad. Se considera que la “fundación de Quito” fue un acto militar de imposición y crueldad olvidando que la Historia, infelizmente, se ha fraguado con violencia. Con la misma lógica, deberíamos condenar, entonces, a los usurpadores Incas que conquistaron nuestras tierras ahogando en sangre a sus habitantes. Y luego de remontarnos hasta las raíces de la historia, descubriríamos orgullosamente que somos una síntesis de muchas razas, culturas y pueblos.

El problema no son las corridas de toros. Se trata de la defensa de los derechos del individuo y las minorías ante la tiranía de una mayoría a la que se pretende una vez más manipular.
Comentario por Emilián Antonio Cando Shevchukov el diciembre 16, 2010 a las 1:06pm

Es común que los antitaurinos muchas veces estén motivados por cuestiones de fondo mas sociales que la propia defensa a los animales, tales como las intervenciones de ciertos "activistas antitaurinos" en canales como TeleSur en donde cuestionan el uso de tarjetas de crédito o hasta incluso falsamente culpan al capitalismo de la tauromaquia.

 

Pero el punto central de la discusión es otros, es precisamente el derecho a defender a los animales en contra de torturas y tratos crueles, pues los animales como seres vivos que sienten, desarrollando así un aspecto físico, psicológico y emocional, tienen que ser protegidos por ciertos derechos, en vista de lo cual incluso en el año de 1977 se desarrolló la Declaración Universal de los Derechos de los Animales, siendo esta aprobada posteriormente por la UNESCO y la ONU. Ante esto es necesario mencionar que los seres humanos somos igualmente una especie animal, que quizás desarrolló una que otra característica que le diferencia de otros, tales como lenguaje articulado (que desde mi punto de vista es lo único que diferencia a un ser humano de un perro) y que como especie animal no podemos causar sufrimiento a otra. Talvez la tauromaquia tenía su asidero cuando se consideraba que el ser humano provenía de Dios y que los animales eran especies superiores, pero la ciencia nos dice otra cosa muy distinta y quizás por eso es que en PAÍSES DESARROLLADOS no existen esa clase de espectáculos y hace mucho tiempo que se ha proscrito otras practicas igualmente de degradantes y crueles en contra de los seres vivos, eso es parte de la evolución histórica de los pueblos. En vez de intentar regresar al pasado por medio de esas practicas y de admirarnos del traje de lucecitas del torero, deberíamos buscar formas mas estimulantes y menos salvajes que el maltratar a un animal, incluso si para ello se debe usar tarjetas de crédito o gastar mas dinero que ir a una corrida de toros. Si las corridas de toro les parece que es un regreso a la naturaleza en medio de la cultura de los microchips, tengo a gusto invitarles a que ahorren un poquito mas y por fiestas de Quito visiten los parajes naturales del Oriente, en compañía de un cámara de fotos... incluso, si de arte se trata, les invito a escribir poesía en una noche estrellada en medio de un bosque tropical.

Comentario por Antonio Tegui el diciembre 21, 2010 a las 1:09pm

Son definitivamente muy interesantes y válidos los argumentos pro y anti taurinos, es un debate de lo más interesante… Considero, sin embargo que muchos de los argumentos taurinos se basan en que existen males peores que deberían ser combatidos u otras situaciones en las que el ser humano  genera peores torturas que en las corridas de toros… Tan sólo denota que admiten que las corridas de toros son un mal, incluso Vargas Llosa quien ha sabido de una manera muy inteligente y poética dar a conocer sus argumentos, dice que le repugna lo sangriento de estos eventos y que si ha de acabarse las corridas de toros se deben acabar integralmente todos los demás actos de violencia del hombre al mundo animal… Pero entonces, comencemos por algo… Las sociedades son dinámicas y evolucionan permanentemente, cosas que tuvieron lugar en el pasado han dejado de tener lugar en la actualidad, y considero que las corridas de toros ya no tienen lugar en la actualidad… Si bien se utilizan animales para beneficio humano, no es permisible el que tan solo por diversión se torturen de la manera más cruel a los toros en una plaza… No es comparable el beneficiarnos de todas las propiedades y beneficios que aporta la carne y cuero vacuno que con ello justificar el dolor, la tortura insensible, el sufrimiento agónico, la burla y la tan indigna muerte de las corridas de toros… En la actualidad para el consumo vacuno se practica la utilización de la pistola de bala cautiva, que es la manera en la que se le propicia el menor sufrimiento a los animales, así que el asunto no es tan solo a las muertes propiciadas en las corridas de toros, sino a la tortura y sufrimiento generado a los toros, y que el mismo sea realizado con el único fin de entretenimiento sádico de la gente…

Carlos Larreategui expone una intención política atrás del activismo anti taurino, hay que tomar en cuenta necesariamente que existen muchos tipos de anti taurinos, muchos con argumentos, muchos otros con pasionalismos exacerbados y cuantos otros cuyas intenciones tienen un trasfondo político, y en fin, de alguna manera manifiesta como algo negativo las corridas de toros…

En todo caso Jaime K. R., definitivamente las corridas de toros son un arte, y puede incluso ser considerado algo muy bello y majestuoso lo referente a los ritos taurinos, cuyo valor tiene el hecho de haber tenido continuidad en el tiempo… Sin embargo, y nuevamente reiterando simplemente no justifica la tortura y el sufrimiento acaecido a los toros por mantener este arte… Seguramente los espectáculos bárbaros romanos fueron considerados un exquisito arte en su tiempo…

Es verdad que existen muchos problemas y males sociales, y las corridas de toros son uno de ellos. El progreso, el desarrollo se realizan mediante un proceso y así debemos empezar por todo lo que podamos el abolir las corridas de toros será un muy importante paso para nuestras sociedades. El hecho de no admitir que eventos tan violentos, llenos de dolor, sangre y muerte se sigan dándose en la actualidad; que necesitemos del dolor, sufrimiento y agonía animal para encontrar diversión o alguna forma artística…

En la mismísima España, cuna de las corridas de toros bravos, comunidades autónomas representativas como Cataluña ya ha abolido las corridas de toros mientras que Canarias lo ha hecho por más de 18 años. Nicaragua también ya ha hecho lo propio, mientras que en Ecuador se ha dado un importante progreso al prohibir la entrada a estos grotescos y repudiables eventos a menores de 12 años. Sin embargo, es momento de ya prohibir de manera integral este tipo de eventos sin sentido, tan sádicos y repugnantes…

Comentario por Jaime K. R. el diciembre 27, 2010 a las 1:16pm
Estarán de acuerdo conmigo en que el único modo de resolver el problema a satisfacción de todos es la convicción, la persuasión, transmitir sus argumentos legítimos y válidos contra las corridas de toros a todo el que pueda oirlos, de tal forma que los aficionados vayan disminuyendo cada año y la fiesta muera por aislamiento, por falta de público. Sería la mejor forma de hacerlo y no con consultas para imponer los gustos de la "mayoría". y como acabo de decir en otro debate, si se prohiben las corridas de toros con ellas deberían prohibirse las peleas de gallos, los toros de pueblo y el rodeo montubio, porque sino no será defensa de los animales sino resentimiento social. Y también deberíamos preocuparnos de los camales ilegales, donde el ganado es sacrificado de formas mucho menso humanitarias de las q menciona tegui.

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