Rajoy, un viejo lobo de mar
Por Jesús De la Torre Montúfar ***
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“Hoy más que nunca nuestro destino se juega en y con Europa. La voz española tiene que volver a ser respetada en Bruselas, en Frankfurt y allá donde se jueguen nuestros intereses. Seremos el más leal, pero también el más exigente de los socios. Seremos el más cumplidor y el más vigilante. Dejaremos de ser un problema, para volver a formar parte de la solución.” - Mariano Rajoy, Mensaje a la nación con motivo de la mayoría absoluta del Partido Popular en las elecciones generales del 20 de noviembre de 2011. |
Casi en paralelo con la primavera árabe, Europa ha vivido su propio cataclismo político/económico. En el terreno económico, el proyecto de integración y el euro como moneda única han estado en el centro del huracán, al ponerlos en crisis la inestabilidad de varios de sus integrantes: Grecia, Portugal, Italia y España. En el terreno político la situación no ha sido muy distinta. Desde mayo de 2010, los Gobiernos de cinco países de Europa -Reino Unido, Holanda, Irlanda, Portugal y Dinamarca- han perdido las elecciones generales y en algunos casos con los peores resultados de las últimas décadas.
Crónica de una muerte anunciada
Arribando a las urnas luego de sendos cataclismos político y económico (las manifestaciones de los indignados por los casi cinco millones de “parados” y la endeble situación financiera que tiene al país al mismo nivel que Grecia, Italia y Portugal), es entendible y fue hasta previsible el triunfo del Partido Popular.
Este escenario fue el que llevó al todavía presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero a tomar dos decisiones cruciales. La primera, adelantar las elecciones al 20 de noviembre –fecha en que murió Franco- y, la segunda, no presentarse como candidato a un nuevo periodo de gobierno. No solo era evidente para el mandatario que la derrota electoral era inminente sino que es claro que, lo único que desea Zapatero en estos momentos es salir por la puerta lo antes posible y dejar que la bomba le quede a otro en las manos.
Rubalcaba vs Rajoy: el burócrata contra el político
Sin duda, uno de los momentos más significativos de la campaña española que culminó en la elección del domingo 20 de noviembre, fue el debate entre los abanderados de los partidos PSOE y PP, Alfredo Pérez Rubalcaba y Mariano Rajoy, respectivamente.
Conocedor de que posterior al debate se produce la etapa denominada spin control, en la que los partidarios de uno y otro bando editan las intervenciones, torturando el sentido de lo dicho para hacer ganar a su candidato, decidí no leer los incontables análisis surgidos en las postrimerías del debate e irme directamente a presenciar el video completo gracias a la magia del internet.
Sin ser español y, por tanto, no conocer de cerca el impacto que ambas figuras despiertan entre sus compatriotas, puedo señalar la impresión que -sin apasionamientos partidistas- me produjo cada uno. Alfredo Pérez Rubalcaba fue enviado al matadero al ser el abanderado del partido que sumió a España en una de sus peores crisis de la época actual y por ir a enfrentar a un contendiente que de antemano se sabía que lo superaba ampliamente en las habilidades de polemista.
Contando con 60 años de edad, Alfredo Rubalcaba mostró la imagen de un burócrata, viejo y desaliñado. Parecía más la imagen de un desempleado que ni siquiera cuenta con recursos para afeitarse, que la de un candidato a la presidencia. Cuatro años más joven, Rajoy se vio seguro, pulcro y dueño de la situación. Frente a la mirada encendida y penetrante de Rajoy, se encontraba otra con poco brillo y cansada.
No pocas veces Rubalcaba se exasperó mientras trataba de arrancar una confesión de su oponente a quien interrumpía en múltiples ocasiones, provocando incluso al final que el propio moderador lo conminara a abstenerse de intervenir pues su tiempo ya había concluido y corría el de Rajoy. Éste, en cambio, calmado en todo momento, controló cada expresión de su rostro y el ritmo de sus palabras. Le obsequió a su contendiente miradas de incredulidad, de mofa y de descalificación. En alguno de los exabruptos de Rubalcaba, Rajoy le conminó: “hombre, no se desespere, si no le está yendo tan mal en el debate…”
Frente a un Rubalcaba que ostentaba la experiencia de gobierno, estaba un Rajoy que traía las tablas que da la práctica parlamentaria y el estar en su tercera campaña presidencial.
La constante que puede identificarse a lo largo de toda la polémica es una confrontación entre acciones hechas e intenciones. Mientras Rubalcaba intentó infructuosamente hacer confesar a Rajoy sobre lo que quiso decir en tal o cual parte de su programa de gobierno, este último bombardeó despiadadamente con toda la serie de indicadores que muestran el desastre en el que se encuentra sumida España y de los cuales el PSOE y su abanderado son, irremediablemente, responsables.
La candidatura de Rubalcaba estaba muerta desde la noche del debate. Él fue el último en enterarse.
Que nadie espere milagros
En unas elecciones que han sido "las primeras que se celebran sin la amenaza del terrorismo" de ETA, con el 96 por ciento de los votos escrutados, el PP obtuvo 186 diputados, frente a 110 del PSOE, una holgada mayoría absoluta que junto con el poder que ejerce en la mayoría de las regiones españoles convertirá a Rajoy en el presidente del Gobierno español con mayor poder de maniobra sin depender de pactos con otras fuerzas políticas.
El socialismo perdió cuatro millones de votos con respecto a 2008, obtuvo 110 escaños -59 menos de los que tenía hasta el momento - y cosechó su peor resultado en la era democrática inaugurada tras la muerte del dictador Francisco Franco el 20 de noviembre 1975.
El entusiasmo de las urnas no se contagió, sin embargo, a los mercados bursátiles el lunes. En España, el crucial índice Ibex de Madrid cedió un 3.4%. De manera similar, la agencia Standard & Poors anunció que mantiene su calificación de la deuda soberana y las perspectivas negativas para España pese a la contundente victoria del Partido Popular (PP) en las elecciones del domingo.
Aunque la situación parece poder desmoronarse en cualquier momento, Rajoy debe esperar hasta diciembre para poder tomar posesión del gobierno. Habiendo adelantado la nada alentadora frase: “No va a haber milagros. No los hemos prometido”, es imprescindible generar signos que alienten el optimismo, ya sea el anuncio de los miembros de su gabinete o las líneas directrices de su gobierno.
Como oposición, el Partido Socialista Obrero Español tendrá un papel muy importante en la transición. Sin duda, estarán más ocupados en recomponerse que en atacar al nuevo gobierno que bastante ocupado estará en tratar de revertir las tendencias económicas. Los socialistas saben que dentro de cuatro años la historia puede ser muy distinta a la de ahora. Si el PP es incapaz de remontar el enorme bache en el que recibe España, muy probablemente puedan volver luego de un desencanto por la derecha.
Sobre los hombros de Rajoy y del Partido Popular está en estos momentos no solo el destino de los españoles sino también el del euro y el acuerdo europeo que le dio vida. Si junto con Italia, Portugal y Grecia, España no logra remontar la crisis que vive actualmente, el proyecto europeo naufragará junto con ellos, pues Francia y Alemania decidirán soltar el pesado lastre que actualmente remolcan antes de ser arrastrados por él.
***Licenciado en Filosofía. Realizó estudios de Perfeccionamiento Profesional en Madrid (MEC, 1987). Campeón Nacional de Oratoria (CONADE 1990). Ha ocupado cargos en la administración pública federal, así como en los gobiernos de Tabasco y del Distrito Federal. Twitter: @j_montufar
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