Las encuestas son instrumentos de medición de opiniones, actitudes y por lo tanto reflejarán lo subjetivo y cambiante de la sociedad que se estudie. No son instrumentos de predicción, por lo tanto ni "aciertan" ni "fallan". Sin embargo, existe toda una mitología en torno a ellas, generada por la ignorancia. De ello se valen quienes participan de la política para otorgarle credibilidad cuando la población les favorece y rechazarlas cuando no gozan del favor ciudadano.
Sin embargo, he llegado a comprobar que en algunos casos aún y cuando exista capacitación respecto de estos instrumentos, pesan más otros aspectos que el conocimiento mismo. Claro ejemplo de ello lo viví cuando impartí una charla sobre el tema a estudiantes de 4to año de Ciencias Políticas y una estudiante sugirió que "quien paga el baile, pone la música", refiriéndose que las "empresas" encuestadoras favorecen a quienes les contratan los estudios. Le comenté que tengo ya 20 años como investigador de opinión pública y la mitad de ello como Director o Coordinador de estudios políticos y que con su argumento me estaba insinuando, ahí tratando de explicar y desmitificar la técnica - que he dirigido esos estudios ya en tres empresas diferentes - que entonces yo había sido "comprado". Le pedí pruebas y argumentó que "es que así pienso yo"... por más que insistí que comprobara su presunta hipótesis, siempre respondió lo mismo: "es que es lo que yo creo". En ese momento me dí cuenta que sí, para muchos, aún se vive en tiempos en que la luna y el sol son dioses, la tierra es plana y sostenida por elefantes... porque así quieren creerlo.
Lo "extraño" del caso es que este pensamiento se hace acompañar con el supuesto poder de ser el único factor o elemento capaz de cambiar la opinión de la gente. Así, en lugar de que la gente opine "a través" de las encuestas y por lo tanto estas "reflejen" el pensamiento de la población, resulta que hay quienes piensan que el asunto es como un "fetiche", es decir, una creación humana que luego se torna contra su creador y lo domina. Así, según esta lógica inversa, las encuestas son las que dominan a la gente. Claro! encuentran sentido en argumentos de complots, componendas, intereses oscuros. Esto hace pensar entonces que la gente es tonta, sin criterio, estúpida, masa obtusa, a la que se la puede manipular fácilmente.
Esta "lectura" deficiente y discriminatoria, entonces no sólo parte de un principio erróneo, sino que asume que la población solo toma en consideración las encuestas para votar y por lo tanto, las encuestas mismas tienen ese extraño, raro y descomunal poder de hacer cambiar de opinión a las personas (vaya! si lo tuvieran yo sería uno de los tipos más "poderosos" del istmo). Se deja de lado en esta "visión", que las encuestas forman parte de una gran serie de factores que entran en juego a la hora de tomar una decisión como el voto. Entre ellas: la campaña misma (el juego entre los actores), la propaganda, las noticias y las opiniones publicadas, la percepción de lo que sucede alrededor en el entorno inmediato y familiar, la situación del país, la expectativa y evaluación del gobierno, los programas de gobierno (para un reducido grupo que los leen) y otros de orden personal del candidato o candidata que se postula: su figura, aspectos de percepción (nunca llegué a entender como para alguien cierto candidato tenía "ojos de corrupto", pero bueno, era su criterio para evaluarlo), forma de hablar, trato con la gente, discurso, ideología. Y otra serie de elementos de carácter más instrumental, band wagon, underdog, voto útil, voto castigo, etc.
Quienes piensan que el voto, como cualquier otra decisión en la vida, se toma a partir de un sólo elemento - sean encuestas o no - pues tienen un flaquísimo criterio para evaluar y obviamente nunca llegarán a comprender el de por sí complicado mundo de La Política, la que se escribe con mayúscula, no la de los políticos (con minúscula) que toman cualquier factor, como una encuesta, para echarle la culpa de sus derrotas, en lugar de sus propias fallas estructurales y su poca o nula capacidad de comprender los fenómenos sociales, o por lo menos intentar hacerlo. Son esos mismos políticos quienes en lugar de informar correctamente qué son las encuestas (que NO predicen, por lo tanto ni fallan ni aciertan), callan y las acusan de manipulación, formando ellos mismos parte de la ignorancia y acrecentándola en el pueblo. Claro! es mejor matar al mensajero... es como quien patea la báscula, cuando no cumple su promesa de bajar de peso.
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