Modernidad líquida
Durante la conversación sobre la música, refería a un amigo una curiosa pero descriptiva definición del filósofo alemán Friedrich Schelling: “la arquitectura es música congelada”. Al amigo le encantó el concepto y celebró la imaginación para definir con dos palabras un vasto concepto. Tras una pausa me preguntó si he leído a Zygmunt Bauman en la obra “Archipiélago de excepciones”. Mi negativa respuesta hizo que me responda preguntándose ¿O sea que no has oído hablar de la modernidad líquida? Mi nueva denegación le obligó a decirme algo así como: “La era de la modernidad sólida ha terminado. Los sólidos conservan su forma y persisten en el tiempo; los líquidos, en cambio, son informes y se transforman constantemente. De allí que el advenimiento de la modernidad líquida ha impuesto a la condición humana cambios radicales que demandan repensar los viejos conceptos, por eso Bauman examina desde la sociología cinco conceptos básicos en torno a los cuales ha girado la narrativa de la condición humana: emancipación, individualidad, tiempo-espacio, trabajo y comunidad”.
Tal como lo pintó el amigo Raúl, la obra recomendada presentaba buenos ribetes de interés, por lo que cuando nos despedimos acudí a la maravillosa herramienta de la Internet, para consultar sobre el autor, hasta ese día para mi desconocido; y encontré muchos más motivos para interesarme e interesarles en la vasta obra que ha publicado.
Leí un comentario de Álvaro Ojeda, poeta y novelista uruguayo sobre la obra “guetos y refugiados” de este connotado sociólogo polaco que bordea ya los ochenta años: “El autor incorpora a las reflexiones filosóficas y sociológicas el concepto de modernidad líquida, que en líneas generales es una idea de la vida moderna como fluidez sin referencias, anclajes o modelos. Una metáfora del deslizamiento humano incontrolable en donde cada evento adquiere una consistencia leve, equívoca, banal. La tesis de Bauman define la vida moderna a partir de la inseguridad global provocada por el aumento de la inmigración ilegal. Esta inmigración involuntaria y sórdida es una movilidad social negativa cuyo modelo es el campo de refugiados. Habitante de la frontera, el refugiado carece de todo, menos de incertidumbre. Su nación es el campo de refugiados, una especie de permanencia de lo provisorio, en donde se amontonan decenas de miles de personas tratando de escapar a un destino trágico. Este centro de reclutamiento de fronterizos y parias, ha sido auspiciado por las potencias europeas como un reservorio de gentes de utilidad económica eventual. Esa fue y es la posición pública del ex primer ministro británico Tony Blair, prometiendo al pueblo inglés autorizar la inmigración que sólo produzca réditos económicos. El hombre medido como ganancia”.
El mismo Ojeda comenta “Modernidad y holocausto” última obra de Bauman traducida al castellano donde dice que el autor ensaya una explicación revisionista y dolorosa del éxito de las políticas genocidas nazis. “tres factores enturbian hasta el presente toda aproximación sociológica efectiva al problema. En primer lugar, el Holocausto ha quedado circunscrito a un problema judío-alemán. En segunda instancia, el campo de exterminio de Auschwitz simboliza una involución momentánea de la civilización europea y en definitiva, se explica por ciertas condiciones únicas en la historia alemana moderna. Auschwitz es el regreso de los bárbaros y de la premodernidad. Está claro que no volverá a ocurrir. Sin embargo, Bauman hila más fino. El pueblo judío cabalgó, históricamente hablando, entre la premodernidad feudal y la modernidad del estado nacional europeo, y lo hizo de la peor manera. Era una nación sin territorio, una nación de intrusos que para colmo estaba encargada de las tareas económicas y financieras prohibidas a los cristianos. Esas tareas enriquecieron a los judíos y los tornaron imprescindibles como negociadores. Eran detestados pero poderosos. Fueron la cara visible de los atropellos de la monarquía absoluta. Al carecer de territorio en donde asentarse, se convirtieron en un factor sospechoso para los estados nacionales surgentes. Junto con los gitanos, detentan el dudoso honor de la territorialidad marginada y del nomadismo sospechoso. Ni premodernos ni modernos, Bauman define a los judíos por su condición ‘viscosa’, condición que los hacía sospechosos para la nobleza desplazada del poder y para los burgueses ricos asentados en las nuevas burocracias dominantes del siglo XIX”.
Jamás se me habría ocurrido la licuefacción de los conceptos, pero suena interesante la teoría ¿Verdad? Espero poder conseguir una de esas obras y si alguno de ustedes las tiene o conoce, me gustaría que me lo hagan saber.
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