Por Alfonso Reece D.
Pobre Napoleón, hablo del emperador de Venezuela… ¿Que por qué le llamo Napoleón? Ya les he dicho que lean Animal Farm, de George Orwell. Pobre, no para de recibir malas noticias. La primera llegó el 23 de septiembre: la muerte del Mono Jojoy. En un esfuerzo de pragmatismo se ha separado de las FARC, porque se da cuenta de que su país colapsaría si se enemista con Colombia, pero no olvidemos nunca que dijo que ese grupo terrorista eran “fuerzas insurgentes que tienen un proyecto político y bolivariano que aquí es respetado”. Sobre el caso del Mono dijo que “no podía alegrarse de su muerte” y pasó del asunto. Pero su modelo, a quien admira sin reservas e imita explícitamente, Fidel Castro, sí dijo que la caída del guerrillero era “asesinato”. Claro que no se alegró, a solas Napoleón debe haber arruado hasta que le dolió la garganta. Y a eso debe añadir unos días después la inhabilitación de la senadora Piedad Córdova, líder de la facción chavista en Colombia. Pronto veremos en Venezuela estatuas de Jojoy junto a las que ya tiene Tiro Fijo, fundador de las FARC.
Las cosas empeoraron el 26 de septiembre, con la derrota del partido de Napoleón en las elecciones legislativas. Con un mapa electoral mañoso logró con menos votos tener más diputados, pero el voto popular le fue adverso. Una curiosa mezcla de ira y risa me produjo ver su reacción cuando una joven periodista le preguntó cómo explicaba esta prestidigitación. Había que verlo darse vueltas, salirse por las ramas… perfecto ridículo. Esa fue “en la frente, la que más dolió”, diría Mecano.
Dos semanas después de ese revolcón, la Academia Sueca concedió el Premio Nobel del Literatura a Mario Vargas Llosa, uno de los más duros detractores de Napoleón. Como sobre la genialidad literaria del escritor no caben discusiones, se ha callado (¡al fin se calló!). Pero antes, a más de cubrir de crasos epítetos a Vargas Llosa, hizo que en el último viaje de este a Venezuela lo molesten en el aeropuerto a su llegada. Eso sí, Napoleón rechazó debatir cara a cara con el novelista, como ya había aceptado. Créanme, no me habría gustado que se diera este debate, me angustian las peleas excesivamente desiguales. Hizo bien en huir.
Cuando el Parlamento noruego concedió el Premio Nobel de Paz al escritor chino Liu Xiabo, Napoleón ya no se pudo contener, expresó su solidaridad con los dictadores de China y dijo que el galardonado era un criminal. Fue una reacción lógica, puesto que el régimen “comunista” (si así se puede llamar a ese engendro) de Pekín es el principal sostén económico, tecnológico, eléctrico, financiero y político de las tiranías en todo el mundo. Le debe haber dolido para que se ponga a guarrear de esa manera. Esperemos que, por el bien de la humanidad, siga recibiendo muchas malas noticias con este sostenido ritmo, porque también son malas para todos los que abusan de la ley para violar derechos, para los que quieren reconocer a los terroristas como beligerantes y para los que para sobrevivir acuden a la bolsa china.
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