Por Francisco Febres CorderoEl gran drama del reparto de los Oscar de este año fue que no le dieron muchos a Avatar, que era la gran favorita. Por eso el director ¡se pegó una cabriada! Chuta, solo les daban los Oscares a las otras películas y ni le nombraban a Avatar. Ante tanta injusticia, el director emergió de la platea y comenzó a avanzar por el pasillo central completamente en muletas. Subió al escenario vestido con una camisa totalmente étnica que, más que de avatar, parecía de espantar. Furiosísimo, agarró el micrófono y dijo que los de la Academia eran unos pobres hombres, unos mediocres, pitufos, ecologistas infantiles, ponchos dorados, incapaces sin ninguna formación académica, agentes de la CIA, que no se daban cuenta del esfuerzo que los productores del filme habían hecho para enseñar al mundo que no hay que extraer el petróleo. Se hizo un silencio absoluto, momento en que el director aprovechó para decir que los donantes que iban a donar poniendo ciertas condiciones podían meterse la plata por los orificios que quisieran, menos por los de las orejas, la nariz y la boca.
¡Qué bestia! Todo el público se quedó frío, pero de pronto un espectador le hizo una mala seña y tonces el director de Avatar, que es bien altote, se bajó del escenario y comenzó a perseguirle en muletas por todo el teatro y cuando ya le iba a agarrar vinieron sus asistentes y le dijeron que él no era el de la mala seña sino otro, y el director tuvo que pedirle disculpas y regresar, cabizbajo, a su asiento. Papelón hizo el director.
Tonces siguió la gala del Oscar y el animador anunció que iban a premiar al mejor actor de reparto, que resultó Rul Carry On por la cinta Sports (que se traduce como Deportes, en la versión no piratiada). ¡Qué buen reparto que hubo en ese filme! Cómo sería, que hasta alcanzó para que los extras se comieran los cheques del reparto. Linda película fue esa, para qué también. ¡Y qué taquillera!
De ahí anunciaron que iban a dar el Oscar a la mejor actriz secundaria y resultó que la winner fue Ivonne Baki, por la película Avatar. Y entonces el director, que por fin vio que la Academia reconocía a su película, de la alegría tiró las muletas al aire y le cayeron al señor al que le había perseguido por la mala seña, que quedó totalmente out, el pobre.
Tonces Ivonne, toda glamour, con un vestido de chifón marca Chanel Nº 5, de color miel, con un anillo que hacía juego con su collar de brillantes, subió al escenario, extrajo un papelito y, con lágrimas en los ojos, dijo que agradecía mucho a sus anteriores directores Jamil, Gustavo y Lucio, “a quienes siempre llevo en mi recuerdo”. Después agradeció “with all the force of my hearth at to my actual mananger who is here, present in this gala”, y los reflectores se dirigieron al sitio en que estaba su actual mananger, quien recuperó las muletas y volvió a pasar al escenario y dijo que la Academia era un cenáculo de la inteligencia, pero no un cenáculo de la Agencia de Inteligencia, como había malinterpretado sus palabras la prensa corrupta, que siempre le distorsiona.
Y entonces el director, ahora sí feliz por haber ganado el Oscar, se subió a la silla de ruedas y, como es bien deportista, se regresó a Quito manejando él mismo.
The end.
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