
Creo que ya va siendo hora de que los ecuatorianos empeñados en construir una alternativa democrática al proyecto dictatorial de Correa y a los sueños expansionistas de Chávez, separemos la paja del trigo y sepamos con claridad con quienes podemos contar en este proyecto. Una de estas posibilidades era Paco Moncayo, hasta que debutó como asambleísta votando con el gobierno para elegir a Fernando Cordero. El presente articulo del editorialista Carlos Jijon de HOY, analiza con valentía y lucidez la vergonzosa actuación de Moncayo. Por lo demás, creo que la fotografía ilustra a la perfección la estrategia del General venido a menos: quiere estar lo suficientemente cerca de Correa por si acaso la revolución ciudadana lo llegare a necesitar como segundo de a bordo, pero al mismo tiempo se esfuerza por aparecer distanciado de la administración, para ser el hombre del consenso, de repente la crisis provocada por los diarios de las FARC, y los contratos de los hermanos, termina llamándole para que se sacrifique por la patria, en cualquier caso, lo del General es una ruindad del tamaño del Panecillo, que como bien lo señala Jijón, no puede ser olvidada.
La democracia y Moncayo
HOY 06/Agosto/2009 | 00:12
Por Carlos Jijón
El círculo está cerrado. La semana pasada, gracias a una alianza con el Partido Roldosista y el voto de asambleístas como el ex alcalde Paco Moncayo, el Gobierno obtuvo la Presidencia, las dos Vicepresidencias y la mayoría en el Consejo de Administración Legislativo de la Asamblea Nacional, captando de esa manera el control de la totalidad de las funciones del Estado y cerrando cualquier salida institucional a crisis como las producidas por la revelación de los contratos con el Estado del hermano del presidente de la República, o la acusación que hace Colombia, de vinculaciones entre el régimen en el poder con una organización terrorista como las FARC. No se trata de acusaciones sin importancia. Y era necesario, lo sigue siendo, para la sociedad, para los ciudadanos, para la democracia, que casos como estos sean aclarados de manera suficiente por un organismo que pueda actuar con independencia.
Leo en la prensa que Paco Moncayo asegura que no fue parte de ninguna negociación y que la Asamblea no puede ser ni el patio trasero ni la sucursal de Carondelet. Creo que sus declaraciones no lo eximen de la responsabilidad que adquirió al votar como votó, permitiendo con sus hechos, y no con sus palabras, que ocurra precisamente eso que dice querer evitar. Su responsabilidad se agranda cuando uno considera la talla histórica que le confiere el ser el más importante héroe de guerra de nuestra historia reciente, un antiguo diputado de esos Congresos que ahora censura, y nada menos que dos veces alcalde de Quito, nuestra ciudad capital. Esa talla política agrava, creo yo, la responsabilidad que tiene en lo que está ocurriendo, y no resulta coherente que al mismo tiempo se queje de lo que está permitiendo con su voto. Si ya votó para que el Gobierno tenga mayoría para hacer lo que quiera, ¡cómo puede reclamar que eso ocurra!
Es necesario, pues, que cada uno asuma la importancia histórica de sus actos. Si Alianza País toma el control total de las instituciones del Estado, aún cuando no ha obtenido en elecciones la mayoría absoluta, debe entender que será también la única responsable de lo que ocurra en los días que vienen con el estado de las libertades y el futuro de la democracia. Es la primera vez, desde la reinauguración de la democracia en 1979, que una sola fuerza política domina simultáneamente en el poder ejecutivo, el legislativo, las cortes de justicia y los organismos de control. Nadie ha tenido nunca ese poder. Ni el CFP de Bucaram, que tuvo que pactar en 1979 con los patriarcas de la componenda, ni Rodrigo Borja, que tuvo que tejer una alianza con la Democracia Popular para poder gobernar dos años con mayoría en el Congreso.
El triunfo del Corcho Cordero, el hombre que describió como "perros de Uribe" a quienes indaguen la relación con las FARC, el hombre que desplazó a Alberto Acosta para convertir a la Constituyente en una aplanadora, simboliza cuán cerrados quedan los caminos institucionales para solventar las crisis. Paco Moncayo votó por ello. No hay que olvidarlo.
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