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Foro Democrático

Reportaje a Jaime Duran Barba tomado de Perfil

Fue el artífice del triunfo de Macri-Michetti. Algunos políticos y la mayoría de los publicistas –sus competidores– lo acusan de chanta. Para muchos otros es el mayor gurú de la política hispanoamericana. Lo que es indudable es que se trata de una de las personas intelectualmente más formadas de la política. Con cuatro títulos universitarios doctorado en Derecho, maestría en Sociología, licenciatura en Filosofía Escolástica y doctorado en Historia– se define a sí mismo como lo hacía Foulcaut: “Aspiro a ser un arqueólogo del saber”.

—¿Se dio cuenta Kirchner de que criticando a Macri iba por mal camino y por eso dejó de hacerlo?

—La irrupción del Presidente en la campaña local produjo una caída en
las encuestas no sólo del candidato Filmus sino también de la imagen
del Presidente. Ellos manejan muchas encuestas y creo que se percataron
y corrigieron muy rápidamente sus equivocaciones.

—Usted sostuvo que esta campaña no cumplió con ninguno de los
rituales de la política usados hasta la década anterior: no hubo
manifestación, concentración ni caravana, ni estandartes, ni bombos, ni
personas que aplaudan al candidato, ni tampoco los candidatos
pronunciaron nunca un discurso a la vieja usanza, con gente en el Luna
Park, por ejemplo. Fueron a los barrios y conversaron con la gente.
¿Por qué?

—Es la nueva forma de hacer política que se viene. En la antigüedad la
vida era tremendamente aburrida, no había mucho que hacer en la casa,
no había oferta de placer. Si uno tenía que aburrirse frente a la radio
o no tenía más que dos o tres canales de televisión absolutamente
tontos, podía parecer divertido ir a oír a un señor, a un líder como
Perón. Ahora la vida es mucho más hermosa, más divertida, mucho más
múltiple, y alguien puede ir a ver una manifestación sólo porque le dan
un choripán o porque realmente es un fanático del candidato. Esa forma
de hacer política ha perdido sentido.

—Usted también ha comentado que ésta ha sido una campaña
completamente enmarcada dentro de lo que expone en su último libro con
Santiago Nieto. ¿Cuál es ese marco del que habla?

—Con Santiago Nieto tenemos una experiencia de varias décadas haciendo
campañas y vemos que a veces pasan de la vieja política a la banalidad.
Cambiamos el pensar la política con el asesor de imagen que le dice al
candidato que se ponga corbata roja, que se corte los bigotes; o el
publicista que descubre lo que todos descubren. Eso no es innovar la
política. La innovación consiste en que cambió el centro de gravedad de
la política: lo importante es la gente común, se produjo la revolución
de las masas, de lo que habló Ortega y Gasset. Ahora es la gente común
la que manda, la que impone sus gustos en todo lo que se consume y en
la política. Los líderes son cada vez menos importantes, ahí reside el
cambio del centro de gravedad de la política. Pero sigue siendo
análisis político y yo no tengo ninguna idea de marketing o de
publicidad, ni me interesa. El marketing es a la política lo que la
música ambiental es a la música. Se necesita pensar la política como un
paradigma innovado, pero siendo consciente de que es política y no
marketing.

—¿Qué influencia concreta tiene la posmodernidad en la política actual?

—Total. Cuando hice mis estudios de Filosofía en la Universidad de Cuyo
(Mendoza) vivíamos la agonía del viejo paradigma y creíamos en el
general Perón y en las marchas de los muchachos peronistas. Era la
última parte de los viejos caudillos, de la política de la voz. Ya la
TV empezaba a impactar y el rock a cambiar la mente de la gente. Pero
ahora la sociedad cambió totalmente, la posmodernidad es un hecho, la
revolución de las comunicaciones ha sido descomunal, Internet ha sido
la última gran explosión de esa revolución y, desde luego, los
celulares. Si se hace política y no se entiende que los jóvenes admiran
a los hackers y no a los guerrilleros, no hay posibilidad de hacer
política.

—En su libro “Mujer, sexualidad, Internet y política”, usted
sostiene que hace décadas los jóvenes militaban en política y la
discusión sobre el poder era algo fundamental en sus vidas, mientras
hoy la mayoría de los jóvenes odia la política. ¿Por qué?

—Porque ahora lo que quieren es que lo político se ponga al servicio de
su vida, de su hedonismo, de su placer. No quieren dar la vida por un
ideal. Su ideal es que su vida sea hermosa. Cambiamos de la lucha por
la revolución a lo que se llama la búsqueda de La aventura a la vuelta
de la esquina (N. de R: título del libro de Pascal Bruckner y Alain
Finkielkraut). Del marxismo viejo a una perspectiva anarquista.
Finalmente, es más interesante tener una aventura a la vuelta de la
esquina que cambiar el mundo. Esa es la postura actual. La juventud que
yo viví pensaba lo inverso, o al menos lo decíamos, de hecho no nos
movimos.

—¿Odian los jóvenes la política o están desinteresados?

—Están desinteresados de la vieja política, se está empezando a dar ya
un remezón en Latinoamérica que tiene expresiones desordenadas.
Finalmente (el presidente de Ecuador, Rafael) Correa y Macri tienen
bastante que ver. Son dos esquemas distintos: Correa terminó su campaña
bailando, cantando, riéndose con la gente. También Alan García cantando
valses peruanos alcanzó la segunda vuelta y su reincorporación a la
política. Macri es una persona que hizo una campaña inusual, sin
caravanas, sin discursos. Hay muchos que expresan el derrumbe de un
viejo paradigma que yo creo que nos va a llevar a un relevo
generacional en toda Latinoamérica.

—¿El rock sustituyó a la política?

—El rock fue la gran herramienta de comunicación del cambio que se genera en los 70 y fue lo que masificó la protesta de la cual los
políticos no se dieron cuenta. A la larga, lo que a nivel mundial hace
Black Sabbath o lo que hace Charly García remueve los valores de la
sociedad tradicional. Miles de jóvenes fuimos a conciertos de rock en
todo el mundo, sentimos el impacto de estas nuevas visiones, que eran
las otras revoluciones de los 60, que no eran revoluciones socialistas
o masoquistas –aquí perduró más el mensaje de Charly que el de
Firmenich–, y no pretendían lo que un autor llamó un inmenso convento
simbiótico, refiriéndose a China Popular, un sitio donde todos se
aburrían, todos eran iguales, todos eran pobres, en que la vida era un
desastre pero no había distancias sociales y el país era bueno porque
todos eran pobres. Esa revolución no fructificó, fructificó y echó
raíces otra revolución. Revolución que tiene que ver con mayor libertad
y donde el placer es el norte de la sociedad.

—¿El rock destruyó el discurso anterior?

—El rock fue una bomba que destruyó la ética de la vieja sociedad y desarmó la lógica del discurso anterior.

—¿Cuba sería la excepción a ese paradigma moderno?

—Cuba es la excepción en la medida en que la mantienen a través de las
armas. En cuanto haya elecciones en Cuba, se desatará también la
posmodernidad.

—En su libro habla de la agonía de las ideologías pero también del
machismo: ¿qué tienen que ver el machismo y la revolución sexual y
familiar con la política?

—Aprendemos a obedecer en la familia, aprendemos las normas del juego
de la autoridad en la familia, y la familia antigua fue una familia
machista en la que había un padre omnipotente, una mujer secundaria e
hijos que eran súbditos sin ningún derecho. Los niños creíamos que
nuestros padres eran sabios y poderosos. A a ese esquema de
socialización en el poder corresponden el general Perón, el doctor José
María Velasco Ibarra, el general Lázaro Cárdenas, todos ellos
generales, doctores, lejanos, míticos y sobrenaturales. Hoy nos
socializamos de otra manera en la familia. Vino una revolución sexual,
las mujeres se incorporaron al proceso productivo de mil maneras. Eso
tuvo otra serie de consecuencias, pero la principal fue que los niños
se criaron en una familia democrática en la que madre y padre comparten
poder, en la que los niños dicen, mi nieto me lo dice: “Tenemos poder”.
Yo nunca reto a mi nieto y él tiene una frase que se le metió en la
cabeza, me dice: “Abuelito, acuérdate, los niños tenemos derechos”. A
mí jamás se me hubiera ocurrido decirle eso a mi padre, me echaba por
la ventana. Ojo, no estoy criticando la sociedad que yo viví cuando era
niño. Fui muy feliz en una familia feudal y con una niñez feudal. Y
ahora soy muy feliz con unos nietos –uno de 7 y otro de 2– que me
tratan como compañeros de la escuela. Son dos sociedades diversas.

—¿También la autoridad política del líder se redujo?

—Ya no es el general Cárdenas, es Felipe. Ya no es el general Perón, es
Kirchner. Los tratan a los presidentes por su apellido o por su nombre,
los ven como alguien cercano, como un igual.

—¿Vivimos en una era de imágenes y del ocaso de la palabra?

—Vivimos la era de las imágenes. No creo en el ocaso de la palabra,
creo en su agonía, en el sentido que le dio Unamuno: muerte para
renacer. La agonía, en ese sentido, es una poda.

—¿Y del ocaso de la voz?

—El ocaso de la voz, sí.

—¿Y de la retórica y del histrionismo?

—Sí, definitivamente sí. Hasta principios del siglo XX era necesario saber leer y escribir para involucrarse en la política.
Después de la radio, ¿qué pasó? Fue posible simplemente escuchar y
entonces vinieron los líderes de la voz. Algunos de ellos muy
antipáticos, como Hitler; otros diversos, como Haya de la Torre,
Velazco; pero eso fueron los líderes de la palabra. Recuerdo que cuando
era pequeño, en la aburrida sociedad de hace 40 años, la gente se
divertía escuchando los debates del Congreso, porque no había nada más
divertido que hacer. ¿A alguien se le ocurriría hoy escuchar por radio
los debates del Congreso? Ni los congresistas se escuchan, porque ellos
también se aburren. En ese sentido sí hay un ocaso de la voz.

—¿El hedonismo, el consumismo y el individualismo del posmodernismo produjo una generación de votantes más egoístas?

—Sí. Es una generación de votantes más egoístas y vamos a una sociedad finalmente anarquista. Vamos hacia una anarquía.

—¿El paroxismo del liberalismo?

—El liberalismo llevado a su máximo extremo: el anarquismo. Es la negación de la autoridad, la negación de la verticalidad.

—¿El Che era anarquista?

—No, era marxista.

—¿Está seguro?

—Creo que sí. Aunque no sé si por eso, porque Cuba ha sido uno de los
gobiernos más totalitarios, hómofobos y negadores de la diferencia, es
que el Che se fue en busca de otros destinos y por eso terminó en
Africa y Sudamérica.

—¿Qué consecuencias electorales tienen los cambios generacionales sobre la valoración del dinero?

—Marx decía que el dinero era algo con lo que se puede adquirir casi cualquier bien; yo creo que ahora sobra el “casi”. Todo se
convierte en dinero. Tuve una experiencia curiosa en un monasterio en
Nepal, en la que el monje que nos guiaba a tres occidentales nos
hablaba insistentemente de que no hay que tener dinero, de que la
riqueza es mala, de que hay que ser acéticos, etcétera y al final a mí
me dio resquemor de ofrecerle o no unos dólares por su tiempo, porque
nos había ofrecido dos horas de su tiempo para guiarnos al monasterio.
Y le digo: “Le entrego estos 20 dólares.” Me dice: “¿Cómo? Si son 50
dólares.” La ambición de tener dinero, aun en los países más
recónditos, lo ha inundado todo.

—¿Hay diferencias en todos estos puntos entre los latinoamericanos y los norteamericanos?

—Sí. Norteamérica es mucho más diversa que Latinoamérica. Tiene un
origen complejo, a veces de sectas muy fanáticas perseguidas en Europa
y por eso hay una Norteamérica profundamente religiosa y muy metida con
creencias antiguas. Un estado como Utah no puede ser más conservador.
Todos van a ver al pastor. Y hay otra Norteamérica que está en las
grandes ciudades, que son sociedades muy liberales. Es un país con esas
contradicciones brutales, un moralismo y un conservadurismo gigantesco
en la mitad de la población y un liberalismo enorme en la otra mitad.
En América latina somos más de sangre caliente y, aunque hemos
teorizado menos sobre la libertad, somos más libres. La posmodernidad
está impactando mucho más en Latinoamérica que en Norteamérica como
conjunto.

—¿Y respecto a los europeos?

—La diferencia es radical. América es un continente de plebeyos. En
Europa hubo realeza, Iglesia y terratenientes, y esos fueron los
conservadores. Ser conservador en Europa era tener una raíz en una
realidad. Hubo liberales que surgieron en las ciudades, los burgueses.
Y después hubo obreros que se hicieron socialistas. Tenía sentido ser
socialista si se era obrero. Tenía sentido ser liberal si se era
burgués. En América latina las ideologías vinieron en el aire. Mi
abuelo, don Luis Barba Viteri, fue uno de los fundadores del socialismo
con el coronel Juan Manuel Lazo Ascasubi. ¿Qué eran? Aristócratas que
se fueron a París, leyeron esos libros, les pareció sensacional y
fundaron el Partido Comunista ecuatoriano llevando a patadas a los
indígenas de sus haciendas para que griten “viva el proletariado” y ni
conocían el castellano.

—¿Cómo define su profesión?

—Mi trabajo es consultor político, soy un analista político. Analizo la
política desde una perspectiva práctica y sobre eso doy clases en la
Universidad. Es muy importante remarcar que no tengo nada que ver con
el marketing. A mí me parece una aberración el marketing político. Es
una aberración conceptual: el candidato no se vende, eso es absurdo. El
candidato no es un producto, los electores no son consumidores.

—¿Nunca se tentó, ya que se define como analista político, a ser político?

—De muchacho fui político: presidí la Federación de Estudiantes Universitarios, la Escuela de Derecho e hice política hasta los
veintipico. Después no, tomé mucha distancia, me fascinó analizar la
política. En su momento, Foucault dijo ser un “arqueólogo del saber”.
Con la distancia que me separa de este autor, me siento un arqueólogo
de la política, me gusta estudiar y analizar las formas en que se
produce el poder dentro de la democracia. Tuve la suerte de hacerlo,
con igual entusiasmo, en realidades tan diversas como Cayambe, una
pequeña ciudad indígena de los Andes en que el frío ha congelado al
tiempo; Bahía de Caráquez, puerto tropical y voluptuoso; México, la
megalópolis indoamericana en la que se puede encontrar todo lo humano
en todos sus extremos, y Buenos Aires, la ciudad más europeizada y con
mayor densidad intelectual del continente.

—¿Le aburre ser político y le divierte analizar la política?

—Analizarla me apasiona. El poder y sus ritos no me atraen, no tanto porque me aburren sino porque me parecen un poco cómicos, como el
orador más grande del mundo que llega al culminar Las sillas de
Ionesco, que cuando trata de hablar al público es mudo. Jamás sería
funcionario público. Lo fui dos años en una circunstancia especial.
Ecuador estaba en guerra con Perú, el presidente me pidió que fuese
jefe de Gabinete con la misión de trabajar para lograr una paz
definitiva. Toda guerra me parece idiota, más cuando se da entre
hermanos latinoamericanos. Tuve esa función entre 1998 y 2000. El
gobierno brasileño me condecoró por mi trabajo en ese tema. Las
condecoraciones no me mueven, pero ésa sí la guardo porque tiene que
ver con una de las pocas cosas en las que creo: la paz.

—¿Cuáles fueron los candidatos para los que usted trabajó y cómo salieron en esas elecciones?

—Fueron muchísimos. Cuando yo llegué al Ecuador no estaba muy convencido de que la democracia sirviera para algo y menos en
encuestas. Aunque estudié eso aquí en la Fundación Bariloche, con
Manuel Mora y Araujo. El primer candidato al que asesoramos fue Enrique
Ayala Mora, actual rector de la Universidad Andina Simón Bolívar,
máximo líder del Partido Socialista ecuatoriano, un amigo mío, muy de
izquierda, desconocido en ese entonces por los electores, que se lanzó
de candidato a diputado en una provincia para que el partido cumpliera
con el requisito de tener candidatos en diez provincias. Yo usé las
técnicas que había aprendido acá, lo manejamos casi como un juego:
“Veamos qué pasa, qué pasa con la encuesta”. Cuando Enrique salió
electo diputado, para sorpresa de él mismo y de todos los otros, empecé
a tomar esto en serio y dije: “Parece ser que esto sirve para algo”.
Campañas importantes: toda la carrera de Jamil Mahuad. Fue cliente
nuestro desde que empezó como una persona desconocida, dos veces
alcalde de Quito y después presidente de Ecuador, hombre brillante,
inteligente, que siguió mucho las técnicas. Porque el mayor problema
con la mayor parte de los políticos es que son difíciles de
modernizarse, tan difícil como para un hombre de más de 70 años navegar
en la red, hay quienes navegan a esa edad pero es difícil.

—¿Los fracasos se los atribuye a quienes no siguieron sus consejos?

—No, muchas veces yo me equivoqué en el análisis. Venía de una
mentalidad muy anticuada y lo que pensaba hace 25 años sobre la
política no tiene nada que ver con lo que pienso ahora. Vengo de una
formación clásica, tengo una maestría en Sociología, hice un doctorado
en Historia, tengo una licenciatura en Filosofía Escolástica y un
doctorado en Derecho. Vengo de la tradición, tengo una biblioteca
enorme, adoro los libros, teorizo sobre la imagen y todo eso pero nada
más hermoso que acariciar un buen libro. Aquí en Argentina el tiempo
que tengo libre salgo a librerías de viejo.

—Cuénteme los tres mayores éxitos.

—Además del de Mahuad, que sin duda fue muy importante, yo creo que el mayor de todos es el de Macri en esta elección, porque es una
campaña en la cual colaboramos con un candidato que no tenía en su
mente los paradigmas de la política vieja. Los políticos viejos están
obligados a cumplir con ritos. Y la gobernación de Rafael Reyes en
Pichincha fue otro éxito, porque era una persona que empezó con 2% y
ganó la elección utilizando técnicas en las que ni él mismo creyó. Fue
un juego técnico de laboratorio.

—Cuénteme tres fracasos.

—El más desconcertante fue el de Jaime Nebot en 1996 contra Abdalá
Bucaram. Fue insólito. Quien gana/pierde las elecciones siempre es el
candidato, los asesores ayudan. En esa campaña hubo mil broncas y
problemas. Ganó Bucaram: fue gravísimo para el país y absurdo. Ese
fracaso, el más estrepitoso y espantoso, fue atribuible a todos, tanto
a Nebot como a nosotros.

—¿Y qué otros fracasos?

—(Piensa) No recuerdo otro fracaso más importante. Sí recuerdo más
éxitos como en la elección mexicana de 2003 (comicios intermedios), eso
fue un éxito descomunal. O la del actual alcalde de Quito, general Paco
Moncayo. Empezamos muy abajo, frente a un empresario muy rico,
presidente de un club de fútbol muy popular, y terminamos ganando por
la capacidad y disciplina del candidato. Su cierre de campaña fue un
festival de juegos pirotécnicos por todo Quito... Otro ejemplo de la
nueva política. Moncayo es socialista.

—¿Qué porcentaje de éxito tiene?

—En la última época no hemos perdido elecciones importantes y hace algunos años que con Santiago Nieto tenemos éxitos reiterados.
Ahora también he cambiado mucho mi ritmo. Son cosas de la vida. A esta
altura me interesa más escribir y pensar que seguir ganando elecciones.

—¿Acierta más porque elige más y hace menos?

—Sí. Y trabajo donde me gusta y con la gente que me gusta. Trabajo
ahora en Buenos Aires, en México y en Ecuador porque me fascina.

—En México contó el caso de las elecciones legislativas, pero también asesoró al presidente Fox en su etapa final.

—Sí, en México hubo esas dos circunstancias diversas. Hacia el 2002/2003, estuve muy cerca del PRD, con Andrés Manuel López Obrador en
la Ciudad de México. El estaba disputando la hegemonía con Cuauhtémoc
Cárdenas y estuvimos cerca de la elección legislativa con el PRD.

—Previa a la presidencial.

—Claro. En la elección de 2006 nuestro contacto fue con el PAN y estuvimos muy cerca del PAN en esa elección y muy cerca de Fox.

—¿Cuál era su trabajo con Fox, quien no era candidato?

—En México lo que hicimos fue estar muy cerca del presidente. Nosotros
también hacemos manejo de imagen de gobierno y en eso hemos sido muy
exitosos. Y al estar cerca del presidente Fox, también obviamente se
ayudaba a los candidatos del PAN.

—¿Es común pasar de asesorar en una elección a un partido y en la siguiente al opuesto como en el caso del PRD y el PAN?

—Yo no asesoro a personas de mi ideología. Yo soy un profesional. En
Ecuador he asesorado a un candidato y he votado a otro en la misma
elección. Pero deseo aclarar que el estatuto de nuestra organización,
“Informe Confidencial”, que es una ONG en Ecuador, nos impide asesorar
a miembros de dictaduras o personas que han ejercido el poder en
gobiernos de facto. Tampoco a partidos que discriminan a minorías.
Hemos dado cursos y asesoramiento gratuito a candidatos de minorías.

—Antes dijo que elegía trabajar con gente que le gusta. ¿El gusto es personal y no ideológico?

—Que me interese el tema por algo. Para mí ha sido una experiencia sensacional ver el mundo desde una elección de izquierda en
México. El poder tiene sus rituales, por ejemplo, todo en ellos es
amarillo: casas amarillas, carteles amarillos, siempre con letras
negras. Cuando me han explicado que sus colores amarillos vienen por el
sol de los aztecas y el color negro de la bandera anarquista de los
hermanos Flores Magón, les tuve que contar que en Ecuador todos los
partidos de derecha utilizan el amarillo y el negro, lo cual les
sorprendió mucho. Aquí el amarillo es el color del PRO. En México, el
PAN usa el celeste, usado aquí por tantos partidos. La mayor parte de
las banderas latinoamericanas son celeste y azul por las reminiscencias
que les traían de la Casa de Borbón.

—¿Fue Macri el candidato más disciplinado que tuvo?

—Macri ha sido un candidato que ha sabido utilizar sus herramientas excelentemente, como Mahuad. Creo que son los dos
candidatos que más emplearon las técnicas.

—¿Estuvo Macri tentado de responder a los ataques y tuvo que convencerlo para que no lo hiciera?

—La tendencia del político es siempre ir a la bronca, es toro de lidia y tiende a embestir. El papel del consultor es pensar las cosas
fríamente y aconsejarle que no entre en la bronca. Macri es una persona
con mucha pasión, que se enfurece mucho, pero con gran dominio de sí
mismo y sabe oír, lo que no significa que se lo maneje.

—¿En qué medida benefició a Macri que Kirchner lo haya elegido como su contrincante antes de iniciar su campaña?

—Eso le ayudó en la medida en que además no peleó, no aceptó el guante y no entró al duelo. Macri, al ser presentado por el Presidente
como su adversario, subía, pero más subía al no ingresar en la pelea de
la política tradicional, de la cual la gente está cansada. La gente
está bastante cansada de esa política antigua, la de la bronca por la
bronca. La gente quiere bronca si se benefician ellas, si es que su
vida cotidiana cambia.

—¿El hecho de que el PRO sea un partido nuevo y, por tanto, sin las
tradiciones enmarcadas dentro del viejo paradigma de hacer política, le
facilitó la aplicación de sus conceptos nuevos?

—Para Santiago Nieto y para mí ha sido muy apasionante la relación con
el PRO. Es un partido muy joven, sin tradiciones, sin anquilosamiento
en los viejos paradigmas que tiene mucho profesional joven que navega y
que pertenece a lo que llamamos el nuevo elector. Esta campaña fue
hecha por ellos, por cientos que se metieron y se entusiasmaron y lo
tomaron lúdicamente. Esas maratones de propuestas, en realidad, ¿qué
son? Son juegos a través de los cuales se comunica una nueva forma
política. Lo lúdico se incorpora a la campaña y se incorpora cuando los
actores son jóvenes.

—¿Qué otras experiencias adaptó a la campaña de Macri?

—En México los partidos son muy anquilosados, absolutamente formales, y el PAN no puede hacer campaña si no salen las 5.000
banderas y no se canta el himno a los héroes que lucharon en contra de
la revolución. Los del PRD, si no se visten de amarillo, se desesperan.
En cada país hay tradiciones partidistas muy fuertes. La experiencia de
la que aprendí muchísimo fue en la elección de 2005 de Macri: nos
topamos con algo que era una especie de partido pero no era partido, no
se sienten de derecha, no se sienten de izquierda, estaba fuera del
paradigma socialismo-no socialismo con un líder muy especial que es
Macri, personaje peculiar vinculado por el fútbol a Boca, una persona
con la mente bastante abierta y un liderazgo muy posmoderno, que no da
discursos, que no le gusta subirse a un podium y que quiere vincularse
horizontalmente con la gente. Así se podía trabajar mucho en estas
líneas modernas de la política. La experiencia de 2005 fue apasionante:
cuando se inició la campaña, la idea era salir segundos, detrás de
Lilita. Cuando hubo un triunfo contundente sobre Lilita y sobre Rafael
Bielsa, se vio que nuestra teoría funcionaba. Y en esta ocasión
repetimos la misma estrategia, mucho más depurada porque esta vez casi
no hubo más que el candidato y la candidata, porque Gabriela Michetti
sin duda aportó votos. Aquí pudimos aplicar totalmente el libro al que
hice referencia.

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—¿Lo aplicó recién acá?

—No, veníamos con esto ya de la campaña en México del PRD en 2003, de
la campaña de Mahuad en Ecuador, que fue la campaña con la cual más
anclamos estos conceptos porque Mahuad, por su formación, entiende
totalmente esta ideas y escribe sobre la posmodernidad.

—La publicidad de Macri no fue abundante. ¿Es importante contar con
un gran presupuesto publicitario o en esta era mediática se puede
llegar a la gente sin hacer publicidad?

—La publicidad fue mínima y eso señala la deformación en el tránsito de
la vieja política a la nueva política. En EE.UU., hasta los años 50 y
60, los políticos contrataban agencias de publicidad porque se creían
productos y confundían lo político con el marketing. La publicidad
puede ayudar, pero como dice mi maestro Joseph Napolitan, “el candidato
es el que gana o pierde”. Macri y Michetti ganaron la campaña. Después
viene una buena estrategia. Si las dos cosas funcionan, funcionan, y no
hay más. Los mensajes de la publicidad fueron claros y simples: más
seguridad gratuita, más educación gratuita, más salud gratuita. Nada
muy innovador ni muy descomunal porque la campaña la ganan los
candidatos y la gente del partido. En el PRO se fue coaligando gente,
se hizo muchísima labor de timbreo, de repartir volantes, de meterse al
subte. Honestamente, no he visto tanta gente entusiasmada por un evento
político como ésta. Fue una campaña de a pie.

—¿Hizo marketing directo?

—Es directo pero no es marketing. Es ir a oír al vecino, a conversar
con la gente, escuchar sus necesidades y dialogar sobre ellas.

—¿Cuál es el papel de la investigación: estudios de intención de votos, encuestas y “focus group”?

—Nada es posible sin una buena investigación. El que diga que es un profesional y quiera manejar una campaña sin el auxilio permanente
de las encuestas, de focus groups, es un chanta. Aquí hay una gran
calidad de investigación, hay muy buenos investigadores. Yo he pasado
muchas horas conversando con ellos, oyendo, aprendiendo. Yo mismo me
formé acá, en Argentina, originariamente como encuestador. Por ejemplo,
en Buenos Aires no se puede dirigir las campañas sólo a los jóvenes
porque son pocos, es una ciudad de viejos. Es la ciudad con la pirámide
de edad más extraña en América latina. No hay nada que se parezca a
Buenos Aires. En la campaña de 2005 lanzamos un mensaje muy claro:
trabajo para mayores de 45 años; si eso se hiciera en México se
llegaría a un sector chiquitito de la población. Acá, no. Entonces, hay
que hacer estudios demográficos y electorales. Cómo votó cada
circunscripción en la elección anterior. Cómo han votado en las últimas
elecciones. Qué fidelidad tienen los partidos a líderes. Son muchas
investigaciones que se integran y mi socio, Santiago Nieto, es el
médico clínico: toma todos los exámenes y hace el diagnóstico. Hecho el
diagnóstico, yo trato de elaborar las estrategias.

—¿Qué porcentaje del total de votos de Macri aportó Michetti?

—No es posible distinguir eso. Lo que es cierto es que se hizo una imagen que se complementó muy bien. En esta época era importante
que una mujer fuera candidata. Las mujeres han cobrado cada vez más
protagonismo y la presencia de Gabriela era importante. Ahora, no es
sólo eso: a Gabriela yo la conozco hace años, es una mujer
comprometida, que vibra con la política, le encanta la política. Me
sorprendo de encontrar a alguien tan entusiasmado con la política; yo,
personalmente, no tendría ese entusiasmo tan enorme.

—¿Es ingenuo el entusiasmo?

—No. Yo creo que es idealista y transmite mucha alegría, muchos deseos de hacer cosas

—¿Sin Michetti, Macri no hubiera logrado el triunfo en segunda vuelta?

—El triunfo en segunda vuelta se hubiera logrado de todas maneras. Macri es un gran candidato. Es muy disciplinado y hace bien
las cosas.

—¿Michetti podrá traducir en poder real durante su gestión la excelente performance mediáticoelectoral?

—Espero que sí. El PRO tiene la ventaja de ser un partido joven y por
eso utiliza técnicas muy modernas, pero eso tiene una contrapartida,
como todo en la vida: no tienen experiencia política. Ahora van a
enfrentar un gobierno, a vivir una experiencia muy desgastante y muy
compleja. Yo no me dediqué a la política porque la experiencia de la
política real es terrible, muy compleja. Y el PRO está constituido por
mucha gente que no tiene experiencia política, Gabriela es uno de
ellos, no ha sido ministra.

—¿Cree que lo podrá superar?

—Creo que tiene la capacidad para desarrollarse, pero tiene que desarrollarse. Y se va a desarrollar en el ejercicio del poder.

—¿Cuál fue su consejo respecto de lo que tenía que hacer o dejar de hacer Franco Macri para ayudar a su hijo?

—Nunca hablamos sobre Franco. No era un tema que estuviera en los electores; por lo tanto, tampoco era tema de discusión. En la
elección de 2005 sí estaba presente Franco en la mente de los electores
como un negativo para Mauricio. Ahora, tanto los focus como las
encuestas dijeron que eso no existía.

—¿Por qué el padre de Mauricio Macri “desapareció”?

—Pasan varias cosas. Una: ningún ataque en política es eficiente varias veces. Si lo atacan una vez con algo, la segunda vez es débil; y
la tercera: la gente dice “déjense de embromar con eso”. Otra es que
Macri siguió demostrando eficiencia en su manejo de Boca, que era una
persona que hacía cosas. Cuando la candidatura de Filmus lanzó los
carteles: “No te olvides, Mauricio es Macri”, a nosotros nos pareció
magnífico, incluso pensamos en poner al lado: “No te olvides, Gabriela
es Michetti” y complementábamos la campaña. Estamos muy agradecidos por
los miles de carteles con el nombre de Mauricio Macri. De hecho, ellos
financiaron la publicidad de segunda vuelta, fue un buen gesto.

—¿A quién le hace acordar Macri comparado con otros políticos del
mundo provenientes de sectores que no tienen que ver con la política:
Berlusconi, Bloomberg, Giuliani, Fox, Schwarzenegger?

—Con Fox, bastante, siendo personalidades muy diversas. Fox sale del
mundo empresarial, fue gerente de Coca-Cola, pero Fox tiene un
temperamento muy extrovertido, hace chistes todo el tiempo, es una
persona muy amigable y muy populachera: siendo presidente usaba botas
en muchas ocasiones. Mauricio no, tiene una psicología mucho más
retraída, pero tiene la mentalidad empresaria de Fox.

—¿Se equivocó Alberto Fernández al mover a Daniel Scioli a la
Provincia y presentar batalla contra Macri con Filmus? ¿Scioli hubiese
podido ganarle a Macri?

—Es muy difícil saber qué habría pasado, pero si Macri me hubiera
pedido consejos frente a Scioli, le habría dicho que igual le
ganábamos. Creo que Scioli es un candidato más posmoderno que Filmus,
pero si Filmus hubiera hecho una campaña positiva, tenía posibilidades.
Mi impresión –no me he sentado con él– es que Filmus es una persona
académica que no se debe haber sentido a gusto con una campaña tan
violenta y ofensiva.

—¿En qué se equivocó Telerman?

—Telerman tuvo una equivocación central: creer que la nueva política es
publicidad. Sin dudas, la suya fue la candidatura con la publicidad más
creativa: fotos de su cabeza de arriba, de abajo…

—¿La mejor campaña publicitaria fue la de Telerman?

—Sin duda. Muy creativa, muy curiosa. Y él mismo es un personaje que de
a ratos parecía más un actor que un político. Pero la demostración de
que la política es política y no es publicidad es Telerman.

—¿Se equivocó en hacer la alianza con Carrió?

—Sí, no se puede producir tanto ruido en la cabeza del elector. Para mucha gente que estaba con Telerman la presencia de Lilita era una
contradicción; y para mucha gente de Lilita, apoyar a Telerman era una
contradicción.

—¿Habría sacado más votos Telerman sin el apoyo de Lilita?

—O con otros apoyos. En política, a veces, se juega con apoyos
implícitos, pero no explícitos. Telerman más Carrió, en lugar de 1+1=2,
fue 1+1=-2. Con todo el respeto que le tengo a Lilita, ella aporta
mucho, pero no era a Telerman a quien podía aportar: ella tiene otro
espacio y no puede producir esas contradicciones. Fue un error de
análisis político.

—¿Habría sido mayor o menor la diferencia de Macri en el ballottage si en lugar de Filmus hubiera competido con Telerman?

—Cuando empezó la campaña Telerman tenía mejores posibilidades. Filmus hizo una buena elección al llegar a la segunda vuelta. Pero creo
que la diferencia habría sido más o menos la misma con Telerman o
Filmus.

—¿El hecho de no haberse retirado y pasar a segunda vuelta, perjudicó a Kirchner?

—Sin dudas, yo le hubiera recomendado que pararan. Porque, además, ellos terminaron la primera vuelta de ganadores. Tenían la Copa
de Plata, eso los puso muy alegres. Hubo un error en el criterio: me
decían que en las simulaciones de segunda vuelta que hacían en el
Gobierno antes de la primera vuelta, Filmus estaba a un punto de Macri
y le iba a ganar en la segunda vuelta. La simulación del ballottage
depende del resultado de la elección en primera y de lo que ocurra el
día de la elección. Ese es el día clave de todo. El día de la elección
estuvo todo perfectamente planificado, Mauricio y Gabriela actuaron muy
bien, y así una distancia de 20 puntos no es remontable. Cuando alguien
saca 46 puntos va a ganar la segunda vuelta al menos que haga muchas
tonterías, como Alvaro Noboa en Ecuador, que fue un monumento a la
tontería. Filmus no tenía posibilidades de triunfo, era preferible
retirarse con ese sabor a triunfo en la boca y no vivir una agonía que,
además, ha desdibujado un poco su imagen.

—¿Cambian las posibilidades de triunfo del oficialismo si es Cristina y no Néstor Kirchner el candidato a presidente?

—Las encuestas dicen que el Presidente tiene una popularidad mayor que
su señora y, en todas las simulaciones que he visto, él tiene mejores
posibilidades que ella, claramente.

—¿O sea, usted cree que si es ella la candidata corre riesgo el oficialismo de tener que enfrentar un ballottage?

—Las elecciones son procesos poco predecibles y lo que no veo es quién
puede capitalizar la oposición, quién puede ser el eje que le compita
al Presidente.

—¿Si Scioli abandonara la candidatura en la Provincia y se lanzara
para presidente ahora en 2007, es el candidato que tendría más
posibilidades de triunfo frente a alguno de los dos Kirchner?

—Como especulación teórica, si él tiene detrás un buen equipo técnico, tendría todas las chances.

—Si los candidatos fueran los hasta ahora lanzados, ¿quién obtendría más votos: Lavagna, Carrió o López Murphy?

—Como están las encuestas, Carrió es la que obtiene más votos por momentos, muy cerca Lavagna y un poco abajo López Murphy.

—¿La diferencia entre los tres va a ser mínima?

—No, en una campaña lo que pasa normalmente es que algún candidato
crece como opción frente al candidato principal, y en este caso alguien
se distanciará.

—¿Qué efecto tendrá sobre la candidatura de López Murphy el triunfo de Macri?

—La empuja. Creo que la empuja más allá de que en la campaña no hubo mucha presencia de Ricardo, en buena parte porque eso es lo que le
convenía al candidato: la teoría era que los apoyos iban a restar
siempre. A López Murphy le dará aliento, pero no sé si logra igualar a
Carrió o Lavagna.

—¿Un cuarto candidato opositor proveniente del peronismo no K
aumentaría las posibilidades de que hubiera segunda vuelta, porque al
atomizar al electorado le sería más difícil al oficialismo alcanzar el
40% de los votos?

—Todo depende del candidato. Los electores votan por candidato, no por
corrientes. Hemos preguntado en varias encuestas, cuatro años
sostenidamente, todos los meses, y quienes dicen que están interesados
en votar un candidato de izquierda o de derecha son un 20% de la
población. Quienes dicen votar por peronistas o no peronistas son un
25% de la población. La gente está votando por personas. Si ese
candidato peronista es además un candidato viable, una persona
agradable y cae bien, y puede comunicarse con los electores, en ese
caso sí puede restar votos.

—Usted habló del 25% de la población que vota al peronismo sin importar quién sea el candidato y la expectativa del Peronismo Federal
es lograr un 15%.

—25% son todos los del peronismo: muchos están con Kirchner.

—¿Si todos los candidatos de la oposición pidieran su consejo, les
recomendaría ir separados para tratar de que el oficialismo no alcance
el 40%?, ¿o ir juntos para forzar el ballottage porque la diferencia
sea menor al 10% con el segundo?

—Hacer una mezcla de perros y gatos termina creando problemas. No funciona.

—¿Cómo evolucionará el clima político hasta octubre?

—Depende de lo que haga el Presidente. Mostró una capacidad política
importante en estos años, manejó bien su imagen, pero ha tenido algunos
reveses: Misiones, su ilusión de la elección en la Capital Federal,
pero tiene, evidentemente, una buena capacidad política y depende de lo
que haga.

—¿El triunfo de Macri no cambia ese clima?

—Sí, en la medida que Macri es visto como un líder de la oposición. Ahora, si se toma a Macri, Lavagna, López Murphy y Lilita,
cuatro líderes opositores, el que menos atacó e insultó a Kirchner en
estos últimos dos años es Macri, quien es visto como el principal líder
de la oposición. O sea, la oposición no necesariamente pasa por la
confrontación antigua.

—¿Afectó a Macri que Blumberg no era ingeniero?

—Nada. Arrancamos con una gran ventaja y se mantuvo más o menos estable. No hubo un gran cambio. Las últimas dos semanas las encuestas
mostraban un 60%/40% sin cambios.

—¿Blumberg ni siquiera quitó el 2%?

—No, ni el 1%, y no es una especulación, es lo que las encuestas diarias muestran. No tocó a Macri el tema Blumberg.

—¿Blumberg dejó de ser un candidato atractivo?

—Sobre eso no hemos hecho encuestas, pero me parece que sí. Es complejo
el tema. Un líder que viene desde los movimientos sociales y de la
ética no puede cometer esa equivocación del título. Un error permitible
en otros líderes, digamos un sindicalista. Por ejemplo: que alguien
abuse sexualmente de otra persona es siempre malo, pero si es sacerdote
es terrible.

—¿Michetti sería una candidata atractiva para gobernadora de la
Provincia por el PRO, dado que ella nació, vivió y votó la mayor parte
de su vida en el interior bonaerense?

—Yo creo que Gabriela es una mujer joven, no tiene una gran experiencia política, tiene una oportunidad ahora de desarrollarse como
vicejefa de Gobierno de Mauricio. Hasta donde yo entiendo, Mauricio le
dará un lugar muy importante en el Gobierno y ahí se desarrollará. La
vida no hay que vivirla demasiado rápido. Hay que tomar las cosas con
calma.

—¿Sigue pensando que entre la opción Ciudad o Nación, Macri debía presentarse en la Ciudad?

—Sin dudas. Esta era la decisión correcta y el resultado lo demostró. Mauricio tiene en la Ciudad una enorme posibilidad de
desarrollar sus habilidades naturales, su capacidad empresarial, su
potencial en gestión. Es un hacedor de cosas. En la primera
conversación que tuvimos con Mauricio, en 2004, discutimos si debía ser
candidato a diputado por la Ciudad o senador por la Provincia, y
después de las investigaciones, mi consejo fue “diputado”, es una
locura meterse en la provincia. El tiene su vocación por la Ciudad y
tiene su corazón en la Ciudad.

—¿Este triunfo abultado podría ser leído como lo opuesto, que demuestra que tenía posibilidades de ser presidente?

—Sin este triunfo abultado en la Ciudad no habría quién piense en él
como candidato a presidente. Supongamos que se presentaba otro líder
del PRO, ¿qué sacaba? ¿7%, 8%?, y después de eso, ¿quién pensaría en
Macri? Es como sucede en muchas ocasiones en la vida, porque se logra
algo es posible lograr otra cosa que habría sido imposible sin la
anterior.

—¿Cómo sería la convivencia con el Gobierno provincial de Scioli,
dado que él y Macri serían dos candidatos con expectativas a la
presidencia en 2011 y la Ciudad tiene un extenso conurbano?

—Buenos Aires y México tienen esa particularidad, son dos ciudades
rodeadas de conurbanos gigantescos que hacen que parezcan una misma
ciudad, pero que dependen de otra autoridad. Hay una bicefalía dentro
de una enorme ciudad que es el Gran Buenos Aires o que la Ciudad de
México en su conjunto. Ahí el conflicto se produce siempre. Se produjo
en México con el gobernador del Estado de México del PRI y el jefe de
Gobierno del PRD y luego con el Gobierno nacional, que está en la misma
ciudad. México y Buenos Aires son muy parecidas pero a todos les
conviene que las cosas marchen bien y tendrán que civilizarse, ponerse
en una mesa y ver cómo hacen la gestión, porque si las cosas salen mal
se queman todos, están en un mismo barco. La gente se va a enfurecer
con el gobernador y con el jefe de Gobierno si los trenes, subterráneos
y autopistas marchan mal. Tendrán que dialogar, eso es civilizado y
bueno para la democracia.

—¿Cómo imagina que será la relación con el Presidente?

—Supongo que lo mismo. Cuando se tiene una función de poder se deben dejar de lado resentimientos y pequeñeces personales, poner los
intereses de la Ciudad por encima y hacer una gestión adecuada. El jefe
de Gobierno y el Presidente se tendrán que poner de acuerdo para que la
gente viva mejor.

—Aníbal Ibarra fue destituido fundamentalmente por la acción del PRO
y ahora vuelve a la Legislatura con una cantidad relevante de
legisladores, ¿cómo se imagina que va a ser la relación con él? ¿Será
un fiscal del macrismo con el ánimo del conde de Montecristo,
prescribiendo la misma medicina que él recibió?

—Una posibilidad es ésa, pero le he escuchado varias veces decir que
no, que él no va por la “vendetta”, sino por la Ciudad. Si cumple con
eso, creo que va a hacer un mejor papel, porque la destitución de
Ibarra tuvo costos para el PRO: en su momento fue visto como una
vendetta del PRO contra Ibarra. A la gente no le gusta la vendetta,
aprecia la grandeza, le divierte un poco la trifulca pero en general
quiere gente más positiva. Si Ibarra se pone en una posición de
estadista creo que le irá mejor.

—¿Qué debería hacer Macri si Kirchner no tuviera esa actitud de grandeza?

—El Presidente tiene una característica y es que sabe rectificarse. No es frecuente eso en los presidentes, porque lo
frecuente es que sean tan obcecados que terminan cayéndose por seguir
en la misma ruta. A Kirchner le gusta corregir, irrumpió en la campaña
porteña y salió cuando vio que no funcionaba. Manejó de manera
complicada lo de Misiones, pero se bajó de las reelecciones después. No
creo que más allá del estilo, que parece violento, sea una persona
demasiado obcecada. No pueden dejar de convivir, eso es la democracia:
él es un presidente elegido por los argentinos y Macri es un jefe de
Gobierno elegido por los porteños.

—Usted ha comparado los virus de los palacios presidenciales con los
virus intrahospitalarios. ¿Todos los presidentes se transforman en
personas obstinadas y no aceptan cambios?

—Casi todos los presidentes, los ministros, los jefes de gobierno, los
alcaldes. Yo diría que el virus ataca al 90% de los líderes con
distintas intensidades. El poder es el virus más peligroso que existe y
por eso nunca fui político. Le tengo mucho miedo a esa enfermedad. Me
gusta ser una persona libre.

—¿Usted estima que Kirchner será la excepción a ese 90% y resultará inmune a ese virus?

—No sé si inmune, pero lo maneja. La actuación del Presidente sigue en algo lo que Lao-Tse, uno de los pensadores que más admiro,
dice: “Las ramas del árbol, cuando el árbol está vivo, se mecen con el
viento, pero las ramas del árbol muerto son rígidas y se quiebran con
el viento”. Kirchner sabe ser flexible y creo que eso le ayudará a
tener un diálogo con Macri.

—¿Sería conveniente para Macri casarse otra vez antes de 2011 si es
que aspira a ser presidente o, siguiendo sus teorías posmodernas, a los
nuevos electores les gustan los políticos solteros?

—Definitivamente, sí. En Latinoamérica los jóvenes son cada vez más
permisivos con distintas opciones sexuales, no sólo con los casados o
divorciados. Hace 100 años ser divorciado era gravísimo, ahora es
común. No pondría como requisito estar casado. Esos temas tienen cada
vez menos importancia.

—¿Sería conveniente que los Macri sigan siendo la atracción de los veranos en Punta del Este ahora que él es jefe de la Ciudad?

—Eso sí es problema. Pero ahí viene el dilema terrible de quienes optan por la función pública, que es perder su espacio de
libertad. El ser funcionario público, el ser líder de un país, obliga a
cortar libertades de manera dramática, sobre todo en esta época de
enorme desarrollo de las comunicaciones.

—¿Lo ve dispuesto al cambio?

—Mi relación con Mauricio lleva años y lo he visto hacer bastantes sacrificios por su carrera. Creo que él va a saber manejar
esas cosas.

—Más de una vez ha dicho que no le cobra a Macri, que simplemente
tiene un viático para vivir aquí con comodidad. ¿Cree que eso le
resulta creíble a la gente?

—Yo estoy en una etapa de mi vida muy especial. Estoy por cumplir 60
años y las supersticiones de los números cero son especiales. Quiero
hacer lo que me gusta hacer sin límite, no otra cosa. Y, centralmente,
trabajar en las campañas que me interesan por una razón más intelectual
que otra cosa, que me resulten atractivas y tengo gran necesidad de
escribir: dedico la mitad del tiempo a escribir. En Buenos Aires me
siento sensacionalmente bien, es una ciudad que me encanta; hay una
masa crítica interesantísima de gente.

—¿Podríamos decir que trabajaría por la mitad de la plata en Buenos Aires que en otro lado?

—Definitivamente.

—¿Y por el 10%, si además le interesa el proyecto?

—También podría ser gratis. Lo hice muchas veces. Tengo una posición
económica solvente; esta ciudad me fascina, me siento muy bien aquí.
Pongo a prueba mis ideas locas y veo si funcionan.

—¿El dinero y la información de los servicios son las herramientas más usadas por los políticos?

—Es una tentación que tiene la inmensa mayoría de los gobernantes. Lo hacen directamente o cierran los ojos cuando alguien
hace el papel de malo en su equipo. Pero la tentación existe: la caja y
conseguir información descalificante de los adversarios es algo que les
gusta a los gobernantes. No creo que sea una buena idea, porque quienes
se dedican mucho a eso terminan siempre en la cárcel. En Ecuador hubo
un vicepresidente así y terminó prófugo, fuera del país. Otra vez el
contagio: terminan enredados. Un famoso presidente que ejerció una
dictadura brutal en mi país murió de 20 machetazos. Como creo en las
energía negativas, siempre hago cosas positivas y no tengo miedo porque
no hice nada malo en la vida.

—Está hablando del Karma.

—Sí, de hecho yo viví dos años en Oriente: India, Sri Lanka, Bangladesh y Nepal. De los budistas aprendí mucho. En Japón aprendí el
Go, que es un juego que da una visión del mundo distinta. Cuando se
inicia una partida de Go, se lo hace en 3 o 4 posiciones que obedecen a
que “no se debe ser tan aburrido como para vivir las vidas vividas por
otros”, pero también porque “hay que tener un poco de locura en la
vida, pero no tanta como para que altere el universo”.

—¿Qué relación hay entre el Go y la casta imperial japonesa?

—El jefe goningo, el campeón mundial en términos occidentales, es
miembro de la corte imperial japonesa. Hay mucha gente en Japón que se
dedica a cultivar esta filosofía y esta forma de ver el mundo a través
de un juego muy sencillo, cuyas normas se aprenden en tres minutos,
pero ni una encarnación será suficiente para aprender a jugar. Es pura
estrategia: yo en las campañas electorales tengo mi tablero y dibujo en
el tablero lo que está pasando.

—¿Se compara al ajedrez?

—El Go es una guerra y el ajedrez es una batalla. El Go se juega con piedras que se depositan en un tablero de 19 líneas por 19 líneas y
rodean un territorio. Los soldados que están rodeados mueren. Eso son
todas las normas, no hay más que eso. Es de un simplicidad enorme, como
la poesía oriental, que tiene dos letras. Hay algunos jugadores de Go
que se hicieron famosos porque aplicaron el juego a otras cosas y les
fue bien. Mao Tse Tung, en China, y el general Giap (el “Napoleón rojo”
de la guerra de Vietnam) eran jugadores profesionales. Es un juego que
lleva a concebir diversas batallas al mismo tiempo, a pensar que la
vida no es un sola batalla sino que son muchas y que hay que
integrarlas para poder entender el todo. El Go da una visión muy
tranquila, ayuda a ver siempre los defectos y las virtudes de todo, a
buscar equilibrio.

—¿Con el Go se le puede ganar a Kirchner en octubre?

—En política lo único que es inamovible es que todo es móvil. Toda
elección puede tener un destino diverso. La presidencia de López
Obrador en México, que era un hecho ineludible, no se dio. El Gobierno
argentino tiene problemas de imagen y podría perder las elecciones si
no hace las cosas bien.

—¿Y es más movible hoy que antes del triunfo de Macri?

—Sí, porque la participación del Presidente en las elecciones en la Ciudad no fue afortunada.

—¿Habrá ballottage también?

—Depende de cómo jueguen los candidatos. Kirchner sigue teniendo una enorme popularidad y no se ve claro quién podría ser el líder que
lo enfrente. Pero si se equivoca, puede haber ballottage.

—¿Cuál sería la lógica de Cristina candidata si ella mide mucho menos que su marido?

—No entiendo y no le veo lógica. Es obvio que uno debe presentar al mejor candidato posible y más en una circunstancia en la que no todo
está bien, porque está Tierra del Fuego, ha estado Misiones, hay un
problema energético...

—¿Será porque no hay un candidato opositor que se dispare?

—Eso pensó Mario Vargas Llosa en Perú hasta que apareció Fujimori, que
nadie conocía, haciendo campaña sentado en un tractor. Eso pensaron los
ecuatorianos cuando asomó un ser como Bucaram, que llegó a presidente
sin que nadie pensara que podía serlo. Cuando se produce un vacío
político, si no lo llena un político formal, lo puede llenar cualquier
persona.

—¿Hay tiempo hasta agosto, cuando vencen las inscripciones de los candidatos, para que aparezca esa persona?

—Tiempo hay, lo que no hay es la persona. Pero si yo estuviese cerca del Presidente, le diría que el candidato fuera él.

—¿Tener una candidata mujer es hoy una ventaja?

—En Argentina hay una tradición peculiar de matrimonios que hacen política: Perón y Evita, Duhalde y su señora, Kirchner y su
esposa. Esto es inusual, no pasa en otros países de América latina. En
México hay muchas mujeres haciendo política, por ejemplo la presidenta
del PRI, Beatriz Paredes, pero no son la “señora de” y cuando Martha
Sahagún, la esposa de Fox, quiso jugar a la política fue muy mal visto.

—¿Qué le parece Cristina Kirchner como candidata?

—El hecho de ser mujer, ahora en Latinoamérica, da unos bonos. Pero no
tuve la oportunidad de tratarla y sin ver un estudio sobre ella no
sabría decirle.

—¿Cualquier mujer, a igual nivel de capacidad que un hombre, mide hoy cinco puntos más que un hombre?

—En este momento, sí.

—¿A qué lo atribuye?

—A que las mujeres votan por género y los hombres no. Un hombre no vota por otro porque sea hombre y las mujeres votan por una
candidata porque es mujer.

—¿Eso tuvo que ver con Michetti?

—Ayudó, pero ayudó más su psicología diversa de la de Macri, que complementaba y hacía un paquete.

—Usted, en México, trabajó no sólo para una campaña, también asesoró al gobierno. Si asesorara a Kirchner, ¿qué le aconsejaría?

—El principal consejo sería oír con tranquilidad, con serenidad, lo que está diciendo la gente a través de las urnas. Hay varias
alarmitas que se prenden: Misiones, Tierra del Fuego, Capital. Algo
ocurre y cuando algo ocurre es bueno salir de la burbuja que el poder
crea inevitablemente.

—¿Y qué está ocurriendo?

—Tendría que investigarse, pero hay síntomas. Tal vez la gente se ha cansado de la confrontación. Otra pista es el tema del pasado.
Los porteños lo que tienen es angustia con su futuro. Las encuestas lo
que dicen es que a la gente no le interesa mucho el tema izquierda,
derecha y muchos jóvenes no tienen idea de lo que pasó en los 70 porque
ni habían nacido. Si Alemania y Francia siguiesen pensando en lo
ocurrido hace 50 años, no habría habido nunca la Comunidad Económica
Europea y menos la Europa unida.

—¿Cómo sería el perfil del candidato ideal para octubre?

—El de Macri. Alguien relativamente joven, fuera de los esquemas
tradicionales. Que transmita sentimientos con imágenes y no ideas con
palabras. Uno de los graves problemas actuales es el de la identidad. Y
como es muy difícil hacerse conocer, la gente que viene del espectáculo
tiene ventaja: Reagan, Schwarzenegger, Rubén Blades. El espectáculo y
el deporte hacen que la gente sea conocida. En las encuestas que
hacemos en todos los países la gente menciona a cinco jugadores de la
Selección de fútbol y nunca cinco ministros.

—¿Cree que Kirchner, o su esposa, será electo en octubre?

—Me parece que es lo más probable.

“La inseguridad no tiene solución”

—¿Le conviene a Macri que Kirchner le dé la Policía?

—El tema de la Policía es muy complejo en todo el mundo. No están tan
claros los límites entre la Policía y sus adversarios, entonces es un
problema difícil de manejar. Si Macri puede, habrá hecho una proeza.

—¿Si Kirchner no le da la Policía podría justificar así el problema de la futura inseguridad?

—Si es que Macri maneja la Policía, va a ser difícil que justifique la
inseguridad, si persiste. He conversado con él y está seguro de que
puede hacer mejoras importantes manejando la Policía. Quedó muy
impactado por el resultado electoral, no esperaba un triunfo tan amplio
y lo veo muy comprometido, en deuda con los vecinos y empecinado en
cumplir con lo que dijo en la campaña.

—¿Todas las policías son un problema en América latina?

—En todas partes son muy difíciles de manejar, pero en México todavía es más complicado.

—En EE.UU., la mayoría de los premios Pulitzer de periodismo son por corrupción policial. ¿Es un problema mundial?

—Las mafias de las drogas terminan envolviendo a policías dedicados a la lucha antinarco. Es propio de la naturaleza humana:
cuando se está mucho en contacto con algo se termina contagiando.
Ocurre lo mismo en todos lados.

—¿Los piqueteros sí son únicos en el mundo?

—Es uno de los aspectos oscuros de la política argentina. Los piqueteros son una institución muy perversa, es el uso de gente pobre
para que trabaje como fuerza de choque. Es una institución muy
argentina y muy perversa.

—¿Pagada por el Estado para generar caos?

—Buena parte de ellos recibe una pensión del Estado por desempleo y en
la práctica son grupos de choque político. Yo prefería el peronismo
donde había una clase obrera, con todos los defectos del sindicato y
con todo lo que ocurrió, pero no a los piqueteros.

—¿Cómo manejará Macri a los piqueteros?

—Es uno de los tantos problemas que va a tener. Esta es una ciudad espectacular que tiene muchas cosas hermosas y, también,
problemas enormes.

—¿Se puede resolver la inseguridad sin solucionar el problema de la droga?

—La droga ingresó masivamente en América en los 60, antes casi no había
droga. En algunos países andinos y en México cuenta con capitales
gigantescos que han ingresado en la política y la manejan. La
legalización de la droga sería una forma de combatir el tema. Tendría
el efecto que tuvo la legalización del alcohol en EE.UU. en su momento:
así frenaron el crecimiento de las mafias y el contrabando de alcohol.

—Según usted, no estamos “tan mal” en Argentina.

—Sin ninguna duda. De los países que más frecuento, México, Argentina,
Ecuador y Estados Unidos, aquí en Buenos Aires es el lugar donde me
siento más seguro, aquí no hay inseguridad comparada con México. Pero
en las últimas encuestas la inseguridad preocupa al 60% de la gente,
seguida por la pobreza y el desempleo. Yo que soy nómada y puedo
comprar, no veo por qué están tan inquietos.

—¿Usted tiene una visión pesimista de la seguridad en el futuro?

—Sí, tengo una visión pesimista.

—¿El problema es la distribución de la renta?

—La pregunta es: ¿qué es la pobreza? En esto también aplico el pensamiento budista. Cuando el buda original, Siddhartha Gautama, habló
sobre las cuatro verdades, la segunda noble verdad es: “Tú sufres en la
vida porque anhelas lo que no tienes”. Si no anhelas lo que no tienes,
no sufres. Y cada vez hay más cosas que anhelar: el mundo se ha
desatado. Las cosas que un joven de 18 años puede anhelar son
muchísimas más que hace 30 años. Y cada día asoman más artefactos. Yo,
en mi adolescencia, tuve el sueño tonto de morir cuando hubiese leído
todos los libros de literatura que me interesan. Y cada día que voy a
una librería asoman diez más. No me basta una encarnación. Cada vez hay
más cosas que aparecen, entonces más cosas que se anhelan, entonces más
angustia, entonces más pobreza. Y esto va a ir creciendo.

—¿Cada generación es, proporcionalmente, más pobre que la anterior porque anhela más?

—Y porque tiene más. Cuando yo era estudiante y venía con mi novia hace 36 años, me bastaba comer una milanesa napolitana en El
Palacio de la Papa Frita y comprar una camisa Ridgard’s, sentía que
había llegado al paraíso. Cuando mi hijo viene a Buenos Aires, no se
conforma con eso.

—Proyectado al futuro, ¿qué solución tiene?

—No tiene solución. Es la naturaleza humana, seguiremos así.

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