Leo hoy en la prensa a este bondadoso hombre de la revolución dolerse por un poetastro, cuyas filiaciones subversivas y actividades terroristas condujeron a su desaparición en los años del gobierno de Febres Cordero.
El amable y afable editorialista se lamenta porque a Ecuador no ha llegado un fiscal figureti como el tal Baltazar Garzón, para que con su encomiable sapiencia, intervenga en casos de supuestas violaciones a los derechos humanos. Quejica pero lamentablemente de manera certera y justa expresa que los derechos humanos de un iluminado terrorista deben ser resarcidos, (aún post mortem) y que los sospechosos usuales tienen que ser investigados y castigados. Equipara la celebridad del desaparecido criminal con la de García Lorca o Antonio Machado. El antisocial tiene derechos, pese a que éste, probablemente nunca hizo un alto para considerar los derechos de sus víctimas.
Así son estos gentiles jesucristos de escritorio. Viven doliéndose por el prójimo y por eso proponen, cómodamente desde sus púlpitos y con las mejores intenciones, soluciones que involucran acciones impositivas por parte de una entelequia torpe e ineficiente llamada Estado.
Las horas terribles que tienen que pasar los presos en el Ecuador, han conmovido los corazones de estos pseudo paladines de la justicia humana. Se lamentan que una persona sea privada de su libertad por un banal delito menor, como portar o traficar unos dos o tres kilitos de cocaína.
Les duele que una persona pase tanto tiempo refundida en las mazmorras por un crimen menor como el hurto. Es más, logran articular, a través de descerebrados y simplones emisarios, gestiones que persiguen asentar diferencias mas allá de las semánticas entre el vocablo hurto y la palabra robo. Es así que lograron establecer legalmente la diferencia de estas dos palabras por medio de los eventos envueltos en su consecución. Exagerando un poquitín, han llegado a sublimizar la estupidez humana, pues por poco más, logran establecer que en caso de haber sangre y semen de por medio, el delito de expropiar bienes y objetos en contra de la voluntad expresa, será considerado robo, de lo contrario, un mero hurto, que no merece ni siquiera la atención de un juez, sino de un comisario. Sus ojos han visto tanta injusticia envuelta en aquellos casos de encarcelamiento y condenas por nimiedades como el narcotráfico o el robo. Sus nobles propósitos se han visto plasmados en esa ley que diferencia el hurto del robo basándose en el valor del monto sustraído y en el grado de violencia impreso en tal acción.
Las condiciones de los convictos los conmueven hasta el tuétano, que logran gestas heroicas como la rebaja de penas y la famosa ley del ....
Irónicamente, son los mismos y las mismas, hombres y mujeres, revolucionarios y revolucionarias los que se encargan de engendrar otras linduras que contradicen sus nobles propósitos justicieros y de ecuanimidad y homogeneidad socialista.
Un padre de familia es arrestado en su puesto de trabajo. No entiende de qué se le acusa, pues es un individuo trabajador y responsable que se preocupa por su esposa e hijos. El sujeto se las arreglaba para proveer para su familia. Un abuelo es arrestado en su domicilio. Su crimen: haber tenido hijos y nietos.
¿De qué se les puede estar acusando a estas dos personas, que merezca la privación de su libertad?
Simple: tienen que pagar por los yerros de otros, que por mala fortuna tienen vínculos de afinidad consanguínea.
Gracias a los buenos oficios de estos agenciosos filosofastros y otras lacras y noxas ilustradas de los supuestos derechos humanos, la legislación ecuatoriana, de la mano de la revolución ciudadana, ahora contempla la prisión para terceros, (la culposidad imputable por grado de consanguinidad) que por motivos de vínculos de parentesco, deben pagar por las irresponsabilidades de individuos que no han cumplido con sus deudas en los juicios de por alimentos.
Pues sí, ahora cualquier cachonda persona puede engendrar hijos de la manera más irresponsable y no preocuparse por las consecuencias que aquello pueda acarrear. Un sujeto deja hijos regados por todas partes, y el tan humanitario Estado, con el poder otorgado por esas iluminadas mentes, va tras los parientes más cercanos para que éstos respondan por las deudas del semental ausente.
Resulta ridículo, pueril y hasta burdo ver que alguno de estos biempensantes esté derramando lágrimas de cocodrilo por un poeta de poca monta cuya existencia terminó de la misma manera como pretendió tratar a sus víctimas.
Si. Es cierto. Necesitamos de un Baltazar Garzón que venga al Ecuador y empiece por encausar a estos inútiles voceros de los derechos humanos, que lo único que saben hacer es hartarse con los platos de lenteja y mendrugos de pan con los que desde Carondelet, el mandamás les arroja, mientras sus buenos oficios resultan a la postre ser tan dañinos, ofensivos y denigrantes como los crímenes y criminales que dicen perseguir.
Que venga el Garzón y les pregunte: ¿Qué carajo hacen y qué acciones emprenden cuando ven en la televisión como un individuo es convertido en antorcha humana por parte de una enardecida turba? ¿Acaso inician investigaciones y proponen sanciones para quienes, plenamente identificados por las cámaras, participaron de linchamientos y asesinatos? ¿Por qué las Elsies Monjes y otros despistados de los derechos humanos no se hacen presentes en estos actos de violación de derechos humanos, y solo aparecen cuando el asunto tiene marcadas cargas ideológicas?
He terminado por convencerme de que el socialismo por antonomasia es malo y perverso. No se puede perseguir el bienestar colectivo, a través de imposiciones y coartaciones. Nadie tiene el derecho a imponer a otros, por los mecanismos que fuere, su mejor opinión sobre las cosas, aún cuando se piense que la opinión propia es la más acertada y sensata de todas. Nadie puede matarle la vaca a otros, yéndose por encima de la autonomía y libre albedrío de éstos, simplemente porque cree que los beneficios de sus acciones –matarles la vaca- los va a beneficiar.
El socialismo es malo y deletéreo. La corrupción es contagiosa y dañina. La falta de institucionalidad cataliza los procesos de corrupción acompañados de desparpajo y cinismo. Todos estos factores juntos, mas las presencia de las manitos limpias, los corazonsitos ardientes y las mentesitas lúcidas, son la receta perfecta para conducir al Ecuador a un destino inevitablemente funesto y siniestro.
Comentario por Gonzalo Proano el mayo 7, 2010 a las 7:44pm Comentar
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