Hace mucho tiempo armé uno de esos rompecabezas de 1000 piezas. Interesante ejercicio que me tomó varias horas y que lo concluí con la ayuda de mi hija menor, pequeña aún en ese entonces.
Cada vez que pienso en la inmensidad del universo, lo concibo como un gigantesco rompecabezas al cual lo han ido armando y descubriendo un selecto grupo personas que a pesar de su conocimiento, no han podido definir sino una pequeña porción de la referida inmensidad. Frente a esa extensión sin límite aparente, solo quedan dos recursos posibles: acudir a la metafísica o esperar en la física, donde ya los expertos han dicho, incluso, que ya no hay universo, sino multiverso; es decir una interpretación de los mundos múltiples.
Quizá se desconoce el verdadero inicio del complejo propósito de armar ese gran rompecabezas, así como el nombre de quien lo inició oficialmete. Sin embargo, la historia asegura que según la tradición sumeria fue en Eridu, la más antigua de las ciudades de Mesopotamia, en los años 4900 a.C., donde el Dios Marduk había creado el mundo. Pero hablando de fechas concretas, se registra que el griego Aristóteles (384 a.C. – 322 a.C.), uno de los más sabios pensadores e investigadores en disciplinas como la filosofía, la botánica, la ética, la biología, y la astronomía, fue quien en base a enseñanzas de Platón, realizó las primeras observaciones, aunque fueran equivocadas, acerca del Universo. Sostenía que la tierra se encontraba inmóvil; y que alrededor de un eje que pasaba por su centro, giraba el sol junto con otros planetas.
Más tarde, muchos siglos después, Copérnico (1473 – 1543), apoyado en estas teorías y en los estudios de Pitágoras, Heráclides y Euclides, sabios del final de la era antes de Cristo; y de Tolomeo que en el primer siglo de la era Cristiana, decía que las órbitas son excéntricas, en contraposición a las circulares y perfectas de Platón y Aristóteles, estableció su propia teoría que incluye estudios sobre los movimientos celestes, que asegura que el centro del universo se encuentra cerca del sol, que los planetas orbitan al sol en un determinado orden: mercurio, venus, tierra, luna, marte, júpiter, saturno; que las estrellas son objetos distantes que permanecen fijas y por lo tanto no orbitan alrededor del sol; que la tierra tiene tres movimientos: rotación diaria, revolución anual, e inclinación anual de su eje; y que la distancia de la tierra al sol es pequeña comparada con la distancia a las estrellas.
Posteriormente contribuyen al armado del gigantesco rompecabezas William Herschel, quien descubre en 1781 el planeta al que llamaron urano; luego se suman Urbain Le Terrier, John Couch Adams y Johann Galle, quienes descubren en 1846 el planeta al que llamaron neptuno, aunque este ya constaba como una estrella en los dibujos de Galileo Galilei en 1612. Finalmente participa el astrónomo estadounidense Clyde William Tombaugh con el descubrimiento de plutón en febrero de 1930, que es el noveno y más pequeño planeta del Sistema Solar.
Un poco antes aparece Albert Einstein (1879 -1955); que con su teoría de la relatividad especial, desarrollada en base a postulados de Henri Poincaré y Hendrik Lorente, escribe la ecuación de la física más conocida en el mundo que relaciona la masa y la energía, E=mc². Posteriormente presentó la teoría general de la relatividad, en la que reformuló por completo el concepto de gravedad, que llevó a desarrollar estudios científicos del origen y evolución del Universo por la rama de la física denominada cosmología.
Entra a la historia del rompecabezas el físico ruso Alexander Friedman, que en 1922 demuestra que el Universo se puede contraer o expandir, obligando a Einstein a cambiar sus ecuaciones agregándoles un término al que llamó constante cosmológica para estabilizar el Universo y hacerlo estático.
No paso mucho tiempo para que en 1929, Edwin Hubble pruebe a través de las observaciones de los espectros de galaxias lejanas, que el Universo de hecho está en expansión, obligando a Einstein a despreciar la constante cosmológica, y llamar a ésta "la mayor metida de pata de mi vida".
Hace apenas diez años; y en base a estudios del chileno Mario Hamuy, se descubre que el Universo ha estado aumentando su velocidad de expansión desde al menos la mitad de su existencia, con lo cual la constante cosmológica fue nuevamente considerada y repuesta en las ecuaciones de la gravitación para describir este fenómeno. Aunque sus causas no se conocen completamente, se atribuyeron a una posible “energía oscura”, que deja al universo con solamente un espacio del 5 por ciento en forma de Materia Ordinaria, compuesta de los mismos quarks, protones, neutrones y electrones que conforman la estructura del ser humano y de todas las galaxias.
El científico Antonio Riotto explica recientemente que: "La hipótesis de la energía oscura es extremadamente fascinante, pero tiene el problema que ningún modelo teórico, ni los más modernos, como la súper simetría o la teoría de las cuerdas, es capaz de explicar la presencia de las misteriosa materia oscura en las cantidades que necesitan las observaciones”; y dice además que: "Si la energía oscura tuviese el tamaño que predicen las teorías, el Universo se habría expandido a una velocidad tan fantástica que hubiese sido imposible la existencia de nada de lo que conocemos en nuestro cosmos."
Muchos otros conceptos y definiciones del universo se pierden entre leyendas y creencias, entre la religión y la metafísica. La Biblia, por ejemplo, deja en manos de Dios la creación del mundo en seis jornadas: “Al principio fue la luz…”; en tanto que la teoría del Big Bang esboza: "En el comienzo fueron los rayos gamma……".
Hoy hasta se dice que "En el principio era la nada….” No había espacio, no había tiempo, no había materia ni energía; pero existía el principio cuántico, que afirma que debe haber incertidumbre, por lo que incluso la nada se hizo inestable. Y las pequeñas partículas de algo comenzaron a formarse".
La verdad es que a este gran rompecabezas, donde también aportaron Mendel, Darwin, Plank con su famosa sentencia “Nunca lograremos desentrañar el misterio del universo porque nosotros somos el misterio”, y otros, se seguirán sumando más sabios o aventureros para seguir armándolo. El rompecabezas es muy grande. Sus piezas parecen infinitas, pero vendrán otros niños para ayudarnos a entenderlo.
Ernesto Andrade Tamariz
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