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Relator de las Naciones Unidas le tomó poco tiempo hacerse una muy buena idea de lo que sucede en el Ecuador. Los personeros criollos de los DDHH se regodeaban por sus "descubirmientos" de actos de lesa humanidad en la época de Febres Cordero. No obstante, para el Relator está muy claro que la mayoría, (si no es que todos) de los casos de asesinatos actuales catalogados como “ajustes de cuentas” han quedado en el olvido y sus autores en la impunidad. El enviado especial va más allá: infiere que estos casos son ejecuciones extrajudiciales, en donde la policía posiblemente ha pecado, ora por comisión, ora por omisión. Además concluye que la inseguridad en el país obedece en mucho a la negligencia, a la desidia, o las voluntarias o involuntarias omisiones de la institución policial, apoyadas por la nula, incompetente y parcializada acción de la fiscalía y su probo representante que pasan dedicados a las relaciones públicas. Eso demuestra que nuestros voluntariosos elementos de los DDHH y sus pírricas comisiones de la verdad en Ecuador son unos entes parcializados, limitados y cargados de un pusilánime espíritu que les impide investigar a todos, caiga quien caiga. Su temor a perder el platito de lentejas que les llega de Carondelet ha sido evidenciado por un “burócrata internacional” (Pesántez dixit) que no teme decir las cosas como son.
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