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Foro Democrático



Por Carlos Vera Rodríguez

Lo contó él mismo, ufano; lo recogió EL COMERCIO, preciso: dejaba encendido subrepticiamente su teléfono celular para que Correa escuche a sus colegas y compañeros, durante las sesiones reservadas de una comisión legislativa en la Constituyente de Montecristi. Así comprobaba su patrón quiénes no le eran incondicionales aunque permanecían fieles.

El delator fue bien premiado: encabezó la lista para asambleístas por Guayas, aunque en 2006 se había contactado para lo mismo con Nebot y Gutiérrez. Hace dos meses logró incluso el apoyo de quienes había delatado para elegirse segundo vicepresidente de la Asamblea. Allí sentado prolonga debates para sentirse importante cuando Fernando Cordero e Irina Cabezas le encargan una sesión… Ahora aparece como autor de la Ley Rolindo; hace de biombo para cubrir la desnudez de Correa y sus censores en artículos que nos llevan de Guatemala a Guatepeor.

Rolando Panchana es la mejor marioneta que pudieron conseguir los titiriteros de Carondelet, aunque contaban en su bloque con periodistas partidarios del intervencionismo estatal (Pilar Núñez y Paco Velasco) sin necesidad de fingir condescendencia democrática. Si la chavista Ley de Comunicación regía cuando Rolando era audaz reportero investigativo, jamás habría podido denunciar el crimen de Consuelo Benavídez, entrevistar al testigo de la desaparición de los hermanos Restrepo ni conseguir cárcel para un profesor violador de menores.

Los marinos torturadores, los policías asesinos o el maestro abusivo lo mandaban a prisión a él, insatisfechos con “los términos del derecho a la réplica”. Conseguían por lo menos que enmudezca respecto a ellos sin necesidad de matarlo… ¡por mandato legal, hasta que un juez dicte sentencia, aplicando su proyecto actual!

Este lambón de Correa esgrime 17 años de experiencia profesional como aval de su engendro, pero en realidad enloda más su trayectoria. Se proclama adalid de camarógrafos, editores y periodistas maltratados. Yo que conozco bien su pasado, me río. Tinterillo de escondidos escribanos, la televisión descubre sus patrañas en la mirada esquiva, el rictus nervioso, el gesto histriónico y el argumento contradictorio: “esta no es una ley reguladora; el Consejo de Comunicación e Información regula…”, se le escapó el martes 15, a las 08:30, en Telerama ante Fernando Correa. No entiende lo que defiende pues lo redactaron otros. Promueve como logros lo conquistado y consagrado como lucha en leyes vigentes.

La comunicación necesita desde hace años una regulación democrática y moderna, pero no esta camisa de fuerza embadurnada con 2 ó 3 avances para ocultar un gigante retroceso. Al Presidente no cabe darle potestad única para definir una materia en la cual es ignorante.

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Comentario por Julian Andrés Vergara Cisneros el septiembre 18, 2009 a las 9:18pm
Ecuador vivió la más fuerte represión de su historia reciente durante el Gobierno derechista de León Febres-Cordero Ribadeneira 1984-1988.

Uno de los casos de brutalidad más famosa fue el de los hermanos Restrepo, que fueron apresados torturados y asesinados cuando eran menores de edad y sin razón aparente.

Febres-Cordero falleció de muerte natural arropado entre sus seres queridos el 15 de diciembre del 2008.

Actualmente siguen sin aclararse muchos de los crímenes y muchas de las familias siguen sin reparación como lo explica Amelia Ribadeneira que es columnista del diario el Telégrafo.

Como si 21 años de dolor no fueran suficientes, don Pedro Restrepo todavía tiene que soportar los golpes mediáticos en nombre de la “libertad de expresión” y del “buen periodismo”. Sus hijos adolescentes, Santiago y Andrés, fueron detenidos, torturados, asesinados y desaparecidos por policías. El Estado se declaró culpable, admitió la brutalidad, la ilegalidad, el horror, el crimen que cometieron sus “malos elementos” entrenados para ejercer esos oficios condenables que no admiten un solo día de perdón para no correr el riesgo de que vuelvan a ocurrir.

Pero como todo eso no basta, Teleamazonas, en un reprochable show mediático, presentó con total desparpajo al hombre que la justicia ecuatoriana sentenció por esos horrores que este país debe tener escrito en su historia vergonzante. Sentí ganas de vomitar al mirar ese indignante espectáculo del detector de mentiras: el ex policía se declaró inocente ante la audiencia de Teleamazonas, suficiente para andar por la vida en paz, aliviado, sin culpas. Confirmado: uno es inocente o culpable según el noticiero de televisión.

“Teleamazonas arrasó con el dolor de una familia que no ha dejado de sufrir desde enero de 1988”

Me horrorizo. El canal pisoteó la memoria de esos adolescentes que tuvieron la trágica suerte de encontrarse en el camino con aquellos policías que se sentían dueños de nuestras calles, de nuestras libertades, de nuestras vidas por la política de estado de ese entonces. El canal arrasó con el dolor de una familia que no ha dejado de sufrir desde ese maldito 8 de enero de 1988, cuando los adolescentes desaparecieron en manos de los “agentes de seguridad”.

Para Santiago y Andrés, para toda la familia Restrepo Arismendy, la tortura sigue. Esta vez, la caja ronca del lindo canal fue el escenario de flagelación pública para que nunca olviden lo que significa el poder de un sistema que pactó con el crimen para mantener la casa en orden. Y como toda tortura, no tuvo una gota de remordimiento ni conmiseración con las víctimas, les dieron con todo. Limón y sal en la herida de muerte.

¡Que viva el buen periodismo! Sin preguntarse por qué y para qué. Sin medir las consecuencias. Sin ponerse en los zapatos del otro, montaron un escenario infame para restregarle a esta familia el dolor de tener unos hijos muertos en las sombras. Tribunal de injusticia: vayan torturadores, violadores, asesinos, corruptos al lindo canal y pasen el detector de mentiras para que se sientan inocentes. Cerremos los juzgados. Exiliemos a los jueces. Con medios de comunicación y periodistas tenemos suficiente.

No fue un supuesto crimen. No son supuestos asesinos. Supuestamente no fueron llevados al SIC 10. No se presume de una política de Estado de tortura, desaparición y muerte. Fue una realidad. Hay sentencias. Periodistas, lean la solución amistosa 11.868 del 5 de octubre de 2000, de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Fue un crimen de Estado. No hay dudas.

Lágrimas sin fin. El corazón es una grieta. Sangra el alma. Unos niños lloran en la jaula de la muerte. Una madre, un padre, una hermana se desgarran la vida pidiendo justicia, buscando sus huesitos para darles cristiana sepultura. La verdad se hace trizas. En el horizonte, unos niños resisten la ignominia.

Amelia Ribadeneira

http://www.librered.net/wordpress/?p=7376

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