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Esta no es una ciudad rica

Emilio Palacio

La propaganda del Gobierno nos repite estos días, una y otra vez, que ningún otro Presidente de la República le ha dado tanta plata a Guayaquil como Rafael Correa. Mentira, tremenda mentira. El dinero que reciben los municipios no es del Gobierno sino del Estado. El Primer Mandatario no tendría por qué meter su mano en el reparto de esos recursos ya que la manera de hacerlo está claramente prevista en la legislación vigente.

Además, si en los últimos años todos los cantones del Ecuador se beneficiaron de mayores rentas, no fue por la buena voluntad de este o de cualquier presidente, sino por el extraordinario incremento de los precios del petróleo. Si a alguien hay que agradecerle es al mercado del crudo, a nadie más.

La propaganda oficial repite, asimismo, que el actual Presidente quiere acabar con las desigualdades, y como Guayaquil es una ciudad rica no hay por qué darle más. Otra mentira, esta vez del tamaño de una catedral. En Guayaquil hay cada vez más pobres. No es cierto que esta sea una ciudad exitosa, como asegura Jaime Nebot. Las cifras de desempleo lo demuestran. Miles de ecuatorianos llegan cada día en oleadas migratorias imparables que invaden sobre todo, aunque no únicamente, el noroeste de la ciudad. Son kilómetros y kilómetros de tierra de nadie, sin calles, ni agua potable, ni centros de salud, ni policía.

Correa argumenta que Nebot allí no ha hecho nada. Tercera mentira. Después de las penúltimas elecciones para Alcalde, cuando Jimmy Jairala le arranchó un porcentaje muy importante de votos al PSC, Nebot se dio cuenta de que debía volcarse a los barrios populares si quería sobrevivir, y lo hizo con bastante éxito. Es esencialmente un trabajo populista, clientelar, como el de Correa, pero con una diferencia: los techos de sus casas no se vuelan. Por eso en las siguientes elecciones Nebot volvió a arrasar, dejando a la señora de los techos voladores muy atrás en las urnas.

En Guayaquil en realidad ya casi no quedan ricos. Vayan ustedes al Malecón cualquier domingo. O súbanse a la Metrovía. O visiten las decenas de parques nuevos que se han construido. No verán un solo pelucón. Pueblo, puro pueblo. Los ricos se fueron a la vía a Samborondón. Allí viven, duermen, compran, pasean, van al cine y se divierten. Para los “niños burbuja”, ir a Guayaquil es un paseo de fin de semana, como para mi generación era ir a Daule a comer mangos los domingos.

Muchas grandes empresas también se están yendo. Le han puesto el ojo a Durán –que sin que casi nadie lo note se está convirtiendo en un polo industrial importante–, no solo porque allí las tierras son más baratas sino porque está más cerca de la vía a Samborondón.

Conclusión: Guayaquil hoy en día es una ciudad cuajada de deficiencias, que se benefició de la enorme renta petrolera que el destino nos regaló a los ecuatorianos, pero casi tan pobre como las demás. Con una diferencia: por el tamaño de la urbe, sus problemas sociales son gigantescos, pero el Gobierno central aquí, como ya lo dijo y ya lo demostró, no está dispuesto a invertir ni un solo centavo.

Por eso iré a la marcha del 11 de febrero, como fui a las marchas de los maestros, de los sindicatos y de las universidades. No para apoyar a sus dirigentes de izquierda o de derecha –ninguno de los cuales me convence– sino porque lo que se pide es justo, absolutamente justo.

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Respuestas a esta discusión

Sí tiene mucha coherencia y sentido las cosas que dice Emilio Palacio... Pero haber apoyado a los maestros?? Eso sí no tiene sentido... EL haberse puesto en contra a las evaluaciones docentes y tanto berrinche armado por la mafia de la UNE fue de lo más bajo, eso fue rechazar que se les evalúe sus conocimientos y su capacidad para ejercer la función docente, y EMilio Palacio apoyó eso?? Me parece pésimo.

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