El Universo, 2/26/10
El cubano Orlando Zapata Tamayo era un albañil negro al que condenaron a tres años de cárcel por irrespetar a la autoridad. Es la misma figura legal del desacato que el Presidente de la República del Ecuador ha querido emplear varias veces contra ciudadanos disidentes. Ya tras las rejas, la condena de Zapata aumentó a 36 años por “desobediencia” y “disturbios en el establecimiento penal”. Tres décadas y media más de cárcel por no obedecer. En el Ecuador, ni el asesinato es castigado con tanta dureza. Como si todo esto no fuese suficiente, cuando Zapata murió, luego de 83 días de huelga de hambre en protesta por su situación, el régimen cubano convirtió la ciudad de Banes, donde se realizó su funeral, en un campo de concentración militarizado para que nadie se atreva a aprovechar el momento para protestar.
Crímenes como este son los rastros de inhumanidad que va dejando la falta de democracia en Cuba y que algunos aspiran a repetir en los países de la región, incluyendo a Ecuador en su lista.
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